El tope al precio de los alquileres que rige en prácticamente toda Catalunya desde hace ya dos años está provocando efectos indeseados muy alejados del objetivo inicial de la regulación, alertan tanto agentes colegiados de la propiedad (API), como administradores de fincas y economistas. Entre ellos, destacan la capitalización del mercado por parte de los hogares con mayor poder adquisitivo. Por contra, jóvenes y rentas bajas continúan sufriendo graves problemas para encontrar piso de alquiler a causa de la escasez de oferta.
“Las personas con mayores ingresos son las más beneficiados por el tope de rentas”, señaló este miércoles Guifré Homedes, vicepresidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria y director general de Amat Immobiliaris durante un acto sobre la evolución del mercado de la vivienda en Barcelona.
La demanda de alquiler sigue superando ampliamente la oferta, añadió, de modo que los propietarios disponen de largas listas de candidatos donde elegir. “Y escogen solvencia, los inquilinos con mejores ingresos”, prosiguió Homedes.
El mismo análisis realizaron desde el Col·legi d’Administradors de Finques de Barcelona i Lleida (CAFBL) durante unas jornadas para celebrar los 90 maños de la profesión. Según sus datos, se ha producido una bajada de la tasa de esfuerzo de los inquilinos para pagar el alquiler porque el mercado está copado por las personas con salarios más altos.
Jóvenes y rentas bajas, sin apenas opciones
Si en el 2021 los hogares que vivían de alquiler destinaban entre 30% y el 40% de sus ingresos a pagar rentas y suministros, ahora la tasa de esfuerzo ha disminuido a entre el 20% y el 30%, cifras que coinciden con las recogidas por Eurostat.
En una dirección parecida apunta el catedrático de la UPF José García Montalvo en su reciente estudio La vivienda en España: diagnóstico y propuestas desde una perspectiva internacional. “Los potenciales inquilinos con pocos recursos no encuentran viviendas para alquilar y son expulsados del mercado”, apunta. El trabajo subraya que, según diversas estimaciones, hay una media de 300 solicitudes por cada piso de alquiler que sale al mercado. “Esto significa que, con esta longitud de colas, el propietario se muestra muy exigente en cuanto a la selección del inquilino, evitando los grupos con menos capacidad económica o que pudieran ser declarados vulnerables”, explica.
En paralelo, la ratio de la renta familiar media de las familias inquilinas frente a la renta familiar media del conjunto de la población está aumentando en Catalunya, mientras que en el resto de España disminuye. Esta evolución –continúa el trabajo de García Montalvo– indicaría efectivamente que los inquilinos con más renta disponible están desplazando a los inquilinos con menos capacidad económica.
Desde el sector inmobiliario también alertan que el parque de alquiler crece muy lentamente. El incremento del stock de este tipo de vivienda es la mitad de lo experimentado en años anteriores, de mil pisos por mes, según datos del Incasòl analizados por los administradores de fincas. Tanto el Govern como desde el Sindicat de Llogatres defienden que este freno se debe a la mayor duración de los contratos. En cualquier caso, la oferta de alquiler sigue escaseando.
Sector inmobiliario y economistas matizan asimismo que los precios de los alquileres estén frenando. Los últimos datos aportados por la Generalitat indican que los alquileres han aumentado solo un 0,8% desde la entrada en vigor de la regulación, por debajo de la inflación general.
Ahora bien, el precio del metro cuadrado ha aumentado más de un 3%. “La oferta de pisos de alquiler se está polarizando”, concluyó Guifré Homedes.

Periodista. Ha desarrollado gran parte de su carrera en La Vanguardia, donde ha cubierto las áreas de Educación y Universidades, Política y, ahora, Economía. Licenciada en Ciencias de la Información y Postgrado en Estudios Culturales

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