La mala memoria mediática afirma que la campaña ha sido agria y larga. Discrepo. Comparada con el juego sucio de campañas anteriores, esta ha sido una balsa de aceite y fair play . Ayer, el orgullo y el músculo social del club se impusieron a la mezquindad. Precisamente porque es una broma, las candidaturas aprovecharon el Día de Reflexión para agotar sus excedentes de rabia. El viernes, el entorno de Víctor Font hizo circular la consigna “ Sorpasso is coming ”, adaptación del “ Winter is coming ” de Juego de trono s. A Joan Laporta, en cambio, se le situaba en S’Agaró, pendiente de unas cabras, un gallo asesinado por unas gallinas y unos perros en celo, Bella y Boss, que, como le contó a Ricard Ustrell, conectan con su gusto por la belleza y el poder.
A las nueve de la mañana, Laporta ya está en el Camp Nou para someterse a sucesivos baños de masas. En la carpa que centraliza las 110 mesas electorales, el candidato se multiplica. Acompaña a estrellas de ayer (Sergio Busquets, Jordi Pujol, Artur Mas), de hoy (Aitana Bonmatí) y de siempre (Danny Cruyff), atiende a los medios, come tortilla deconstruida, asiste al funeral de Enric Reyna y elige la mejor hora para, asediado por cazadores de selfies, sumar un voto más que podría propulsarlo a un nuevo mandato.
Víctor Font provoca la adhesión de sus votantes y, de propina, reproches de sus rivales
Font también genera entusiasmos, y algún “Laporta president!” que intenta sabotearle la sonrisa de líder de Nosaltres. Un Nosaltres que, tras una cata aleatoria entre el personal, vaticinó que no resolverá los ismos de la tribu. Que nadie se engañe: nuestro ismo más genuino es el cainismo.
¿Qué veo? Socios ancianos acompañados de sus hijos y nietos, sillas de ruedas, perros, culés que aprovechan el día de sol para acercarse a un estadio destripado y un Héctor Fort que, con una capucha de grafitero, accede a la carpa custodiado por Alejandro Echevarría. La escena no es un ejemplo de pulcritud neutral y, a estas alturas, conviene interpretar la realidad como lo que es y no como lo que nos dicen que es. Ejemplo: cuando Xavi vota, Echevarría no le acompaña.

Joan Laporta actúa como un anfitrión y acompaña a los socios más conocidos
¿Qué veo? En las mesas de los interventores, una botella de agua y una manzana, adultos abrazados a mascotas del Cat, Elena Fort con un abrigo que, como daltónico, diría que es de color púrpura, niños que sueñan con poder votar, Ter Stegen viendo como le crecen los enanos, Jordi Puntí con una chapa del libro Sembla mentida , encuestadores preguntando a los socios qué han votado y un empleado del club que no me deja entrar a la carpa y que, como un robot, repite: “Tiene que ir acompañado por un miembro del staff”. Este club no se salvará hasta que amordacemos al speaker, como hacen en el pueblo de Astérix y dejemos de repetir conceptos como “staff” o, como se lee en una lona, “Palau VIP LOUNGE”.

Conato de incidente en el acceso a la carpa. Algunos socios lamentan que no se tenga en cuenta la movilidad de los mayores. La indignación dura poco, pero no creo que voten a favor de la directiva actual. Conversaciones improvisadas con culés que, con retintín de cuñado poseedor de información confidencial, ya me anuncian cuál va a ser la diferencia de votos entre ambas candidaturas. El río de gente, constante, impresiona, conmueve y relativiza cualquier pronóstico. De todas, la reflexión más impactante –la transcribo esperando que no me lleven a los tribunales– es la de una socia que, con una franqueza contagiosa, me explica que votará por uno de los candidatos porque, textualmente, “prefiero mafioso conocido que mafioso por conocer”.

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