Un hombre de 60 años ha sido condenado a seis meses de prisión y a pagar una multa de 1.200 dirhams (unos 112 euros) tras ser sorprendido rompiendo el ayuno en público durante el Ramadán en Tánger, según informó el Tribunal de Primera Instancia de la ciudad. Además, le fue incautada un arma blanca que llevaba consigo en el momento de la detención.
Un delito ligado a la religión y la ley
El ayuno durante el Ramadán es uno de los cinco pilares del islam y, en Marruecos, también constituye un delito según el artículo 222 del Código Penal, que castiga a quienes rompan ostensiblemente el ayuno en lugares públicos sin motivo legítimo. La pena puede variar entre uno y seis meses de cárcel, junto a sanciones económicas, según lo establece la legislación marroquí.
En los últimos años se han registrado casos similares. Por ejemplo, cinco jóvenes fueron detenidos en la plaza Jemaa el-Fna de Marrakech por beber zumo de naranja durante el día, aunque alegaron ser turistas eximidos del ayuno. La Policía marroquí, a veces con excesivo celo, ha intervenido en estos casos, lo que ha generado debates sobre libertades individuales y control estatal.
Debate sobre las libertades individuales
El ministro de Justicia, Mustafa Ramid, ha aclarado que el objetivo de la ley es proteger los valores de la sociedad, pero también ha pedido diferenciar entre el espacio público y privado. Según Ramid, "el famoso artículo 222 desaparecerá el día en que la sociedad lo reclame", dejando entrever la posibilidad de reformas futuras.
La sentencia de Tánger ha reavivado la polémica y ha generado una amplia discusión social sobre los límites del control legal sobre la vida cotidiana. Grupos de activistas y ciudadanos han señalado que este tipo de condenas pueden afectar la percepción de libertad de los residentes y turistas, quienes deben tener claro cuáles son las normas y sus posibles consecuencias.
Actualmente, Marruecos mantiene un intenso debate sobre libertades personales, incluyendo cuestiones como la ruptura del Ramadán, la homosexualidad, el adulterio o la apostasía. Mientras tanto, el caso de Tánger evidencia la tensión entre tradición y modernidad, y cómo la legislación intenta equilibrar los valores religiosos con los derechos individuales de la sociedad.

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