Lord Kinsky

Hace 1 día 4

Joseph Conrad (1857-1924) fue un escritor polaco-británico. Nació en una Ucrania que en ese momento era italo-polaca, pero acabó siendo casi demasiado inglés. Cambió de lengua literaria, con la misma solvencia y talento una y otra, lo cual es extraño (Nabokov sería otro: ruso e inglés). Conrad es autor de El agente secreto , Los duelistas , El corazón de los tinieblas y de Lord Jim .

La otra noche, en el Metropolitano atlético, pudimos ver cómo la mala fortuna convierte la oportunidad de ser un héroe en pesadilla. Y en ésas recordé a Lord Jim. En ese partido, el portero de 22 años Antonin Kinsky, que fue sustituido en el minuto 17 después de dos caídas y tres pifias que fueron tres goles, fue Lord Jim. Pero al día siguiente, me di cuenta de que quien lo fue era su entrenador Igor Tudor. Si a esos personajes, le añadimos el del portero titular que acabó substituyendo a Kinsky, Gugliamo Vicario, tenemos, al menos tres nombres y tres apellidos de absoluta novela decimonónica.

Un portero es el elemento más extraño de un equipo de fútbol, la araña a la que todos tiran para matar

Les recuerdo el argumento de la novela de Conrad. Jim es un brillante marino, recién salido de la academia con honores. Uno de sus primeros trabajos es, aparentemente, sencillo. Ser el capitán del Patna , un barco que transporta peregrinos que se dirigen a la Meca desde el Haijj. Demasiados peregrinos, por cierto. El barco está muy por encima de su capacidad. En un momento de la novela, el casco de la nave sufre un desperfecto y el barco, irremediable pero lentamente, se hundirá. Hay demasiada gente para que no cundiera el pánico de saberse la tragedia y demasiados pocos botes salvavidas. Solo pueden salvarse algunos. Jim duda pero, al final, ante lo inevitable –unos morirán y otros vivirán– decide ser él uno de los que, en medio de la noche, huyan y se salven. Jim y la gente de los botes son rescatados por una nave francesa. Pero el Patna , milagrosamente, también. Y por todo ello, Jim queda expuesto a su cobardía, lo echan de la Marina en deshonor, es un apestado. Eligió vivir y que otros murieran y el destino se burló de él: todos vivieron. El resto de la novela es la manera de encontrar una nueva oportunidad de Jim.

A Kinsky como a Lord Jim se le cayó el mundo y el Patna encima la otra noche. Un portero es el elemento más extraño de un equipo de fútbol, la araña a la que todos tiran para matar y no puede esconderse. Es el último jugador. El que salva y el que falla. Y con 3-0 en el minuto 17 Lord Kinsky fue sustituido y se fue entre lágrimas a los vestuarios. Pero también fue Lord Jim quien decidió sustituirlo porque la decisión –alérgica a las normas no escritas del fútbol– fue difícil y la tomó Igor Tudor en beneficio de su equipo –no se podían permitir más errores– y, aunque costara verlo, también por Kinsky –3 goles eran muchos, 4 hubieran sido su tumba–. Igor dio las explicaciones y su obrar se ve ahora correcto –otra cosa es si procedía cambiar al titular para ese partido, pero los héroes acontecen, también los resbalones– y Kinsky ha colgado en sus redes fotos del partido y escribe que del sueño a la pesadilla y de nuevo, a soñar. Como todas las novelas y todos nosotros, esperamos estar a la altura en el próximo partido. Un final digno.

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