‘Arqueros’ y ‘ciervos’, los secretos del safari humano de Sarajevo

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Que hubiera cínicos francotiradores occidentales dispuestos a pagar para participar en las matanzas de civiles en Bosnia no parecía ser un secreto. Y, sin embargo, al menos en Europa occidental prácticamente nadie habló de ello.

El escritor italiano Ezio Gavazzeni lo descubrió solo recientemente y desde ese momento no se ha detenido. Hasta llegar al libro Los francotiradores del fin de semana (I cecchini del weekend), que llega este martes a las librerías italianas publicado por la editorial Paper First y tiene el mérito de reconstruir la cínica logística de aquellos viajes, arrojando luz sobre las organizaciones que captaban a los “clientes”, a menudo cazadores, y los llevaban a la zona de guerra atravesando las fronteras.

En el lenguaje utilizado por los organizadores, los francotiradores eran llamados “arqueros”, mientras que las víctimas eran definidas como “ciervos”. Ese mismo lenguaje aparece en el testimonio de uno de los interlocutores clave de la investigación, llamado “el francés”. Hacia el final de la obra, el autor le pide que describa el tipo de turista: “Notarios, abogados y médicos de alto nivel, empresarios, hijos de papá naturalmente ricos y aburridos; en general personas de más de cincuenta años con mucho dinero. Nosotros conocíamos su identidad, para asegurarnos de que todo nos fuera pagado como correspondía; de lo contrario habrían tenido problemas”.

Y luego, en un crescendo casi insoportable de crueldad, se aborda el tema de las tarifas. “El francés” revela: “Si matabas a un niño costaba 30 millones de liras (unos 15.500 euros ahora), una mujer 20 (unos 10.300) , un hombre adulto 10 (unos 5.100) y un viejo o una vieja, 3 (unos 1.500)”. Según el testigo, unos 230 italianos participaron en esos safaris durante la guerra de Bosnia, que ocurrió entre 1992 y 1995.

Cazadores de civiles

Según un testigo, los clientes eran “notarios, abogados, médicos o empresarios, casi siempre ricos y mayores de cincuenta años”

Una historia poco conocida. Sin embargo, en las primeras páginas de Corriere della Sera y La Stampa de 1995 aparecieron dos titulares casi idénticos: “En Sarajevo se va a cazar hombres” y “Los turistas de la guerra que disparan contra Sarajevo”. Dos de los principales diarios italianos publicaban con gran relevancia una denuncia presentada en aquellos días ante el Tribunal Permanente de los Pueblos, un organismo internacional independiente que examina violaciones de los derechos humanos. En una situación normal, tras artículos de este tipo sería lógico que la magistratura abriera una investigación. Sin embargo, pocos días después cayó el silencio sobre el asunto.

Muchos años después, en 2022, el director esloveno Miran Zupanič realizó un documental titulado Sarajevo Safari, en el que se recogían testimonios sobre francotiradores occidentales que iban a disparar contra civiles bosnios por diversión durante el conflicto balcánico de los años noventa. La historia tiene un indudable valor periodístico y narrativo y, sin embargo, también en ese caso nadie se movió: ni siquiera las distribuidoras lo llevaron al público de Europa occidental.

Las tarifas del horror

El testigo anónimo revela: “Un niño costaba 30 millones de lira(unos 15.500 euros ahora), una mujer 20 (unos 10.300) , un hombre adulto 10 (unos 5.100) y un viejo o una vieja, 3 (unos 1.500)”

Ese silencio fue lo que lo empujó a iniciar una investigación que esta vez ha traspasado el ámbito editorial para entrar en su lugar natural: un palacio de justicia, y quizá algún día un tribunal. La investigación se encuentra aún en fase preliminar, pero por primera vez desde aquellos años empieza a emerger algo concreto. De momento hay tres personas investigadas por la fiscalía de Milán: un empresario de Lombardía, un transportista de la región de Friuli Venezia Giulia y un cazador del centro de Italia. A los tres se les atribuye el delito de homicidio voluntario continuado, agravado por motivos abyectos.

En las 270 páginas de la obra se explica, a través de diversos testimonios, cómo operaban las organizaciones que llevaban a estos ricos italianos —aunque el fenómeno no se limita en absoluto a Italia— a las colinas de Sarajevo, la ciudad que sufrió el asedio más largo de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, donde podían experimentar el monstruoso escalofrío de participar en un tiro al blanco contra civiles, a menudo —según algunos testimonios— con predilección por mujeres y niños, en una de las ciudades mártires del siglo XX.

Gavazzeni reconstruye con transparencia los pasos de su investigación, llevando al lector por bares cutres de provincias, talleres de coches y chats de redes sociales, omitiendo nombres, apellidos y elementos que puedan conducir a la identidad de los protagonistas de aquellos viajes, dado que la investigación judicial se encuentra todavía en una fase preliminar. Todavía queda mucho por investigar, y no solo en el noreste de Italia.

No era, al parecer, solo una cuestión italiana. Gavazzeni cuenta que en los últimos meses fue contactado también por un español, identificado como Toni C., que le relató: “Mi padre tenía un amigo millonario que una vez había ido a cazar elefantes en África. La persona que organizaba aquellos safaris, un catalán cuya identidad no conocemos, también organizaba viajes a Yugoslavia para cazar seres humanos y le ofreció participar”.

Todavía queda mucho por investigar, y no solo en el noreste de Italia.

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