Un estudio revela que la dieta y el deporte en universitarios esconden riesgo de TCA

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Un estudio realizado por investigadores de la Universitat de les Illes Balears (UIB) advierte de que algunos estudiantes universitarios con riesgo de trastornos de la conducta alimentaria presentan hábitos que, a primera vista, parecen más saludables que los de su entorno. Sin embargo, estos comportamientos pueden esconder patrones de restricción alimentaria o control excesivo del peso.

El trabajo ha analizado los hábitos de alimentación y actividad física de cerca de 2.000 estudiantes universitarios para estudiar su relación con el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

La investigación forma parte de la tesis doctoral defendida en 2023 por Maria Antònia Amengual Llofriu en la Universitat de les Illes Balears, dirigida por los doctores Antoni Aguiló y Pedro J. Tauler Riera. El estudio se desarrolla dentro del grupo de investigación Evidencia, Estilos de vida y Salud de la UIB, adscrito al Instituto Universitario de Investigaciones en Ciencias de la Salud (Iunics) y al Instituto de Investigación Sanitaria de Baleares (IdISBa).

Los investigadores señalan que identificar el riesgo de trastornos alimentarios en el entorno universitario puede resultar especialmente complejo, ya que algunas conductas potencialmente problemáticas pueden confundirse con estilos de vida saludables.

Más adherencia a la dieta mediterránea

Uno de los resultados del estudio muestra que los estudiantes con riesgo de TCA declaran seguir con mayor frecuencia la dieta mediterránea en comparación con el resto de participantes.

Este patrón se refleja, principalmente, en un mayor consumo de frutas y verduras y en una menor ingesta de alimentos ricos en grasas o azúcar.

Aunque estos hábitos podrían interpretarse como una mejora del estilo de vida, los investigadores señalan que, en determinados casos, este comportamiento puede responder a la evitación sistemática de alimentos considerados "calóricos" o "prohibidos".

De acuerdo con el análisis, esta restricción puede formar parte de estrategias de control del peso o de la imagen corporal, más que de una elección basada únicamente en criterios de salud.

Más ejercicio y mayor control del cuerpo

El estudio también analiza los niveles de actividad física de los estudiantes participantes. Los resultados muestran que los universitarios con riesgo de trastorno alimentario realizan más sesiones de ejercicio semanales y acumulan más minutos de actividad física moderada o intensa.

Sin embargo, los investigadores detectan diferencias relevantes en las motivaciones. En la población sin riesgo, la práctica de ejercicio suele vincularse a una rutina global de bienestar, en la que la actividad física y la alimentación saludable aparecen asociadas.

En cambio, entre los estudiantes con riesgo de TCA esta relación se rompe. El ejercicio no se integra necesariamente en un estilo de vida equilibrado, sino que puede estar relacionado con objetivos de control del peso o de la apariencia física.

Los datos del estudio indican que más del 90% de los estudiantes con riesgo practican actividad física principalmente por motivos relacionados con la apariencia, mientras que entre el resto predominan razones como la salud o la reducción del estrés.

Conductas difíciles de detectar

Los investigadores subrayan que estos resultados muestran que unos hábitos aparentemente saludables no garantizan la ausencia de riesgo de trastornos alimentarios.

En contextos universitarios, explican, muchas conductas asociadas a los TCA pueden pasar desapercibidas porque coinciden con comportamientos socialmente valorados, como comer sano o hacer ejercicio con frecuencia.

Por este motivo, consideran que es importante analizar las motivaciones que hay detrás de estos hábitos, ya que en algunos casos pueden reflejar presión social, preocupación excesiva por el peso o una relación problemática con el propio cuerpo.

Además, advierten de que este tipo de dinámicas puede evolucionar hacia conductas como el ejercicio compulsivo o un control rígido de la alimentación.

La importancia de la prevención en jóvenes adultos

Ante esta situación, los autores del estudio destacan la necesidad de reforzar las estrategias de prevención y detección precoz de los trastornos de la conducta alimentaria en el ámbito universitario.

Según los investigadores, los programas dirigidos a jóvenes adultos deberían abordar de forma conjunta alimentación, actividad física y bienestar emocional, con el objetivo de identificar conductas de riesgo y promover una relación equilibrada con el cuerpo y la salud.

También subrayan que estos programas pueden resultar especialmente relevantes en poblaciones vulnerables, donde los comportamientos asociados a los trastornos alimentarios pueden confundirse fácilmente con hábitos considerados saludables.

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