Durante años, el ingeniero libanés Elie Habib se movió en un sector muy distinto al de la geopolítica: el del entretenimiento. Cofundador de la empresa de streaming musical Anghami —una de las más usadas en el mundo árabe—, ha diseñado en tiempo récord World Monitor, un mapa global creado con inteligencia artificial que congrega más de dos centenares de fuentes periodísticas y rastrea las alertas militares, el tráfico aéreo e interrupciones de internet en pleno conflicto que sacude buena parte de Oriente Próximo. Su proyecto y otra docena —por ejemplo, Monitor the Situation y WorldView, también codificados con IA en un abrir y cerrar de ojos— han aparecido en las últimas semanas. La guerra ahora puede ser vista por todos desde una interfaz.
Para Habib, se trata de un “periodismo automatizado en tiempo real”. “Está claro que el sistema no escribe artículos ahora mismo, pero lo hará”, afirma este emprendedor tecnológico que vive en los Emiratos Árabes Unidos.
Como él, otros creadores suelen presentar estas herramientas como una forma de acceder directamente a los hechos, sin intermediarios. Pero para Patricia Ventura, investigadora en comunicación digital, el fenómeno refleja una vieja idea del mundo tecnológico: la creencia de que más datos y más velocidad conducen automáticamente a una mejor comprensión. “Piensan que la tecnología puede resolverlo todo y que siempre más información y más rápido y en tiempo real va a ser mejor, pero la clave es darle sentido a toda esta información”, subraya.
Craig Silverman, experto en desinformación y cofundador de Indicator —sitio web dedicado a exponer el engaño digital—, tiene una opinión similar. Para él, existe incluso el riesgo de que ocurra lo contrario a comprender lo que sucede. “Puede sobrecargar por completo a la persona que lo mira y que no sepa realmente qué hacer con todo eso”, advierte. “Estas plataformas tienen directos de Bloomberg, de Sky News o de la BBC. Las personas que creen que ofrecen una alternativa a los medios probablemente no se dan cuenta de que esas mismas fuentes son una parte central del propio panel”, señala este periodista canadiense, especializado en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT, por sus siglas en inglés).
Dar sentido a los datos
En la última década, uno de los principales retos a los que se enfrentaron los investigadores que utilizan OSINT fue la saturación y abundancia de información en línea, incluida la más actual, creada con modelos de generación de vídeo hiperrealista. “Yo creo que el periodismo es tan necesario como siempre para dar sentido a toda esta cantidad de información”, afirma Ventura.
Esta investigadora advierte de que las interpretaciones que hace una IA son inestables. “A una herramienta de esas le planteas que interprete el mismo tema y un día lo hará de una manera y otro día de otra”, señala. Para ella, esa característica limita su capacidad. “No tienen fundamentos sólidos para interpretar nada”, afirma. Además, subraya, un sistema de inteligencia artificial no puede contextualizar adecuadamente lo que ocurre. “No contextualiza el sufrimiento humano, algo que el periodismo sí hace”, apunta.
World Monitor es una plataforma de código abierto que fue creada por Habib a comienzos de enero. La desarrolló como un experimento en solitario y la compartió solo con algunos amigos y contactos en redes sociales. Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva coordinada contra Irán, con el objetivo de descabezar al régimen de los ayatolás, su proyecto alcanzó una dimensión mucho más amplia. La popularidad de World Monitor no ha hecho más que aumentar a medida que los ataques se expandían territorialmente.
El germen de la plataforma, dice Habib, nació de la necesidad de “comprender lo que sucede en el mundo”. Aunque muchos usuarios la utilizan para monitorear el conflicto en tiempo real, insiste en que esa nunca fue su intención. “No quiero que la gente la use solo para seguir las guerras, espero que estas terminen”, comenta el ingeniero.
Según sus datos, World Monitor tiene casi cinco millones de usuarios en todo el mundo. Alrededor de 430.000 provienen de Estados Unidos, pero también aparecen comunidades activas en India, Vietnam, Indonesia y Europa. En España, asegura, lo utilizan unas 70.000 personas. Aunque no es el caso de esta plataforma, otras, además de combinar imágenes satelitales y seguimiento de barcos con una función de chat, incluyen enlaces a mercados de predicción para apostar sobre, por ejemplo, quién será el próximo “líder supremo” de Irán o a quién nombrará la revista Time como persona de la década.
Distancia emocional
El panel analiza más de 200 fuentes de noticias y unas 250 señales de datos diferentes: tráfico aéreo, movimiento de barcos, interferencias de GPS, actividad satelital, conectividad a internet, alertas militares o cierres de aeropuertos. La idea central del proyecto, comenta su fundador, es interpretar las señales que se observan de forma conjunta. Con esos datos, el sistema crea un índice de inestabilidad que identifica qué países concentran más señales de riesgo. “No quiero seguir 200 países al mismo tiempo, quiero saber cuáles son los que muestran signos de inestabilidad y centrarme en ellos”, apunta.
Lo que empezó como un proyecto personal pretende anticipar hacia dónde se mueven los conflictos. “La siguiente fase del proyecto es que te diga qué está pasando antes de que salga en las noticias”, afirma el informático libanés, y da un ejemplo reciente relacionado con el comercio marítimo. Al observar el tráfico en el estrecho de Ormuz —uno de los principales puntos de paso del petróleo mundial— detectó una caída abrupta en el número de barcos. “Cuando no había tráfico, supe que los precios de las materias primas subirían”, sostiene.
Silverman, sin embargo, alerta de que estos paneles pueden transformar la percepción de los conflictos. “Hay un elemento que hace que parezca casi como un videojuego o algo divertido de ver”, señala. Esa estética de datos y mapas en tiempo real, afirma, puede generar distancia emocional respecto a las consecuencias humanas de la guerra. “Me pregunto si eso crea una sensación de desapego ante el trágico número de víctimas humanas que causan los conflictos”.
Ventura añade otra idea que considera problemática: que los datos representan la realidad tal como es. “Estas informaciones parten de un supuesto que es falaz: que los datos son la realidad y la realidad son los datos”, afirma esta investigadora. “Una máquina no puede preguntarse por qué la ciudadanía necesita saber esto, no puede hacer investigación periodística ni ofrecer contexto a lo que sucede”, dice. Tampoco asume responsabilidades.
Confiar únicamente en paneles automáticos, concluye, puede ofrecer una imagen incompleta de la realidad. “Hay que cuestionar la idea de que los datos representan lo que sucede, porque no es del todo así”, afirma. Y mucho menos cuando la información se basa “solo en datos sobre los cuales no existe verificación”.

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