16/03/2026 06:00 Actualizado a 16/03/2026 06:46
Ahora mismo, el Real Madrid se mira al ombligo, obnubilado por el gol desde 68 metros de Arda Güler al Elche, la alineación de siete canteranos o el ‘hat-trick’ del “nuevo Juanito”, Fede Valverde, ante el Manchester City; pero, al mismo tiempo, sigue viviendo con el corazón en un puño porque mañana sobre el césped del Etihad con Kylian Mbappé será un todo o nada. Un castillo de arena destruido por la marea azulona de los hombres de Pep Guardiola o la constatación de que hay cimientos de verdad. Por eso, las elecciones del FC Barcelona no se han vivido con una intensidad a pie de calle.
Los parques de Madrid son un buen termómetro para ello. No hay ninguno mejor en primavera que La Quinta de los Molinos, donde centenares de transeúntes pasan las mañanas de sol bajo los almendros en flor y hablando de la vida. O del Madrid. Un grupo de septuagenarias discute sobre el ruido del Bernabéu (“eso no es una sala de fiestas”), síntoma de que la obra magnánima de Florentino Pérez trasciende lo deportivo y aquel episodio judicializado sigue trayendo cola. Otros, en cambio, cuarentones con posibles, discuten sobre el 3-0 al City: “¿Por qué no juegan siempre así? Eso es como en una empresa, a veces, pasa, si trabajara con ese ritmo... Es la motivación”, resuelven con el jersey al cuello.
No es de extrañar que por ahora ni el Barça ni Joan Laporta copen las conversaciones espontáneas con un Madrid que discute el poder de Florentino Pérez y que ahora solo mira al césped. Pero el nuevo presidente del Barcelona hasta 2031 no es una cara amable en Madrid, se ve como un viejo zorro capaz de moverse en el entramado del fútbol con habilidad (LaLiga, UEFA, RFEF) y, especialmente, un generador de Barças para el recuerdo. De rivales competitivos que discuten la hegemonía.
Laporta ideó el Barça de Rikaard, el de Guardiola y ahora el de Flick. No fue un camino recto, pero sumó 18 títulos en un periodo en el que el Real Madrid alzó 15 con dos matices. En la primera etapa, de 2003 a 2010, únicamente logró cuatro y ninguna Champions. Fue tras la pandemia, en 2021 con un Barça sumido en una acuciante crisis, cuando el Madrid adelantó a los azulgrana, aunque ahora dé síntomas de modelo agotado. Por eso, el olfato de Laporta es una mala noticia para el ocaso de la etapa de Florentino Pérez, que termina en 2029 y que atraviesa uno de los momentos más delicados.
Mientras el Madrid entra en un territorio pantanoso, el Barça intenta salir de él (aunque deba pagar el Camp Nou). Las relaciones entre ambos se mantendrán igual de tensas (o rotas). Florentino abrazó a Laporta cuando regresó al poder en 2021 (la Superliga, la negativa al crédito de CVC, las comidas de directivas conjuntas...), pero los hechos los han distanciado, especialmente el caso Negreira, en el que el Real Madrid se personó como acusación particular y sigue haciendo bandera de la investigación (“es el mayor escándalo del fútbol”, dijo Arbeloa).
El Barça se fue cayendo de los proyectos abanderados por el Madrid y Florentino puso la cruz. Y el contraataque de Laporta siempre fue agresivo. Por eso mismo, en Madrid entonan el “sin ganas de volver a verte”, aunque haya Laporta para rato.

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