Carlos Mazón sorprendió a todos las Fallas del año pasado y un 17 de marzo, dos días de la cremà, anunció que su Consell estaba “trabajando en un acuerdo con el apoyo de Vox para los presupuestos” de 2025. El entonces president realizó una comparecencia en la que asumió el ideario de la derecha radical en agenda verde e inmigración y, tres días más tarde, su gobierno aprobaba unas cuentas y las remitía a las Corts para su ratificación. Tras el trámite parlamentario y tener que negociar con sus socios un considerable número de retoques, el 28 de mayo la Generalitat aprobaba las cuentas con medio año de retraso (la dana de octubre de 2024 hizo saltar por los aires todas las previsiones).
A esta fecha del 28 de mayo se acogen ahora el PP valenciano y el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca para señalar que, dado que el proyecto presupuestario necesita todo un año para desarrollarse y ejecutarse, no hay prisa en tener nuevas cuentas. Pero es que ese timeline está a punto de caducar y, de alargarse más, se dará de bruces con las largas vacaciones parlamentarias de verano.
El 17 de marzo del año pasado Mazón anunció un acuerdo con Vox; las cuentas se aprobaron el 28 de mayo
La semana pasada, Pérez Llorca aseguraba en un foro órganizado por el periódico Las Provincias que le “gustaría” tener unas cuentas públicas para 2026. En esta línea, apuntó que iba a “abrir un diálogo” con Vox para intentar aprobarlo. Todo para aprobar su primer y, casi con toda seguridad, único presupuesto, pues en mayo del año que viene hay elecciones autonómicas.
Un día más tarde, el síndic de Vox en las Corts, Valencianes, José María Llanos, era tajante en rueda de prensa: “No hay ninguna negociación sobre los presupuestos”. En plena bronca nacional entre los de Feijóo y los de Abascal y con un ciclo electoral en marcha, ni las buenas relaciones de ambos partidos en la Comunidad Valenciana facilitan este tipo de ententes.
No hay ninguna negociación sobre los presupuestos
Con todo, los presupuestos valencianos tienen ya una base muy negociada el año pasado y no parece complicado que, cuando escampe la tensión nacional, Llorca y Llanos puedan cerrar un acuerdo que permita a uno vender estabilidad y, al otro, mostrar su influencia en las políticas del ejecutivo autonómico. De hecho, el nuevo presidente ya asumió gran parte del discurso de su contrincante y a la vez socio, en su discurso de investidura. El problema es saber hasta dónde más quiere apretar Vox en cuestiones como la Acadèmia Valenciana de la Llengua -que ya fue esquilada en las anteriores cuentas- o en materias como la inmigración, sobre la que la derecha extrema ha doblado su presión en los últimos meses con iniciativas y Proposiciones No de Ley. ¿Se sacará Vox de la chistera alguna medida en su cruzada contra el burka? ¿Reclamará más recortes a la promoción del valenciano, la lengua que habla el president? son otros de los interrogantes que se tienen que resolver.
El presupuesto es la principal herramienta de gestión de un político pues desgrana sus prioridades y proyectos a corto y medio plazo. Sin embargo, en el caso valenciano, la extremada dependencia de Vox (no se aprueba nada en las Corts que los de Abascal no avalen) lo descafeína todo. Además el del 2026, si acaba presentándose y aprobándose, será el primer presupuesto de Pérez Llorca y el último.
Se da por hecho que no hay tiempo material en el poco más de un año que queda de legislatura para negociar y aprobar dos cuentas, amén de que, a medida que se acerquen las elecciones autonómicas de 2027, la tensión entre PP y Vox irá en aumento. Ambos partidos que han trabajado de la mano en el Parlamento valenciano tendrán que diferenciarse para intentar atraer al votante conservador a sus filas en un ambiente de máxima tensión electoral y poco abonado para llegar a acuerdos.

Licenciado en Periodismo (2005) y Ciencias Políticas y de la Administración (2012). Redactor de La Vanguardia en la Comunidad Valenciana desde enero de 2021. Antes, en El Mundo. Ha participado en varios libros sobre la Comunidad Valenciana

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