Callaos, piernas. ¡Haced lo que os digo!
Jens Voigt
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Hoy, Martí Márquez (30) se subirá al coche junto a Gemma, su mujer, y juntos viajarán desde Seva, donde viven, hasta Llinars del Vallès, donde viven los padres de él. Una hora de camino.
Pasarán allí la noche, en la casa familiar, y mañana domingo a las cinco de la madrugada, Martí Márquez se pondrá en marcha de nuevo: se aupará a su moto de gran cilindrada y manejará otra hora hasta Barcelona. Aparcará cerca de plaza Catalunya y, desde allí, se irá a la salida de la Zurich Marató de Barcelona, que arranca a las 8.30h.
–¿Y su mujer?
–Se queda en Llinars, con mis padres. Estamos esperando a Nil, nuestro primer hijo, que nacerá en julio. No hace falta arriesgar tanto –me dice.
–¿Y que busca usted en Barcelona?
–Acercarme a las 2h35m.
2h35m, dice, como si nada.
Se me pone cara de tonto.
(...)
Para Martí Márquez, hablar de estos rendimientos, de estos ritmos, es una minucia. Hasta hace cuatro días, fue ciclista profesional. Defendiendo al Kern Pharma, disputó la Volta a Catalunya y la Vuelta al País Vasco, y el Tour de Croacia, Taiwán o Turquía, y un abanico de Campeonatos de España, y entrenándose las pasaba canutas, canutas de verdad.
–Aquellas series... –me dice.
–¿Le prepararon para esto?
–Hombre, ya ha pasado un tiempo. Dejé el pelotón en el 2024. Pero supongo que me queda la capacidad de sufrir. Cuando me comparo con algunos compañeros de trabajo que también corren, ellos me dicen: ‘Puedes sufrir mucho más que nosotros. Y además, te gusta’.
–¿Así era el ciclismo?
–Los entrenamientos, sí. Y lo medíamos todo: lactato, vatios, el VO2 máximo... Pero luego, cuando competía, no sufría tanto. Lo que yo hacía era ayudar a los otros.
Cuando vi que no renovaba con el pelotón, salí a correr. Tan pronto como lo hice, ya me sentí realizado”
Martí Márquez
Maratoniano y ex ciclista profesional
–¿No pedaleaba para usted?
–Era el típico ciclista gregario. Era bueno para las escapadas y para dar visibilidad al equipo.
–¿Y no crecía usted?
–Claro, lo iba haciendo. Pero los mejores me daban mil vueltas. Decidí ser generoso. No me importaba trabajar mientras los líderes me dieran las gracias.
–¿Se las daban?
–Normalmente, sí. Yo hacía lo que me pedían. En una clásica de un día, si el mánager me decía: ‘Que los escapados no se vayan más de tres minutos’, me ponía a tirar del pelotón hasta que el jefe me decía basta. No llegaba a agonizar. Pero corriendo ya es otra cosa.
–¿Por qué?
–Ahora solo corro yo y para mí. Y me paso la carrera haciendo cálculos, buscando una marca, y no hay descanso en ningún momento de la carrera.
–¿Y por qué se acabó el ciclismo?
–Era el 2024 y el mánager no valoró mi trabajo. Yo estaba pendiente de trabajar para los demás. Él, de los puntos que sumábamos cada uno. Yo hacía que los otros sumasen, pero me descartaron. Cuando me lo comunicaron, era mayo del 2024. Yo esperaba revertir la situación antes de que acabase el año, no me desanimé, me movía, iba a entrevistas, esperaba oportunidades y mi mujer me dijo: ‘La vida sigue’. Cuando me ofrecieron un equipo en China, ya me había buscado un trabajo fuera del ciclismo. Era consultor de una flota de alquiler de autocaravanas en Gurb.
–¿Y no se arrepintió?
–No. Cuando estaba en el equipo, ganaba bien. No era algo desorbitado, suficiente para comprar un coche al contado, resolver el alquiler, tener ahorros. No me dio para jubilarme, pero comparado con mi salario actual. Sin embargo...
–Sin embargo, ¿qué?
–Como ciclista no tenía estrés. Estaba el entrenamiento, el masaje, me encantaba. Pero al dejarlo, vi que me había perdido cosas, la adolescencia con amigos, la carrera universitaria. Con la bici no podía salir a cenar, ni comer en familia el domingo. ¿Una copa de vino? Ni hablar, había que entrenarse al día siguiente. Ahora puedo hacer unas bravas y una cerveza cuando quiera. Bueno, hoy no, que mañana es el maratón.
–¿Y qué le puso a correr?
–Mi mujer.
Oooootra vez su mujer.
–Ella corría, ¿sabe? Hacía carreras de montaña y de asfalto. En aquel agónico 2024 en el que no renovaba, me propuso correr por probar. Salí, y de repente me sentía realizado con aquello. Cuando quería bajar de cuarenta minutos en la Jean Bouin, hice 35. Luego vinieron medios maratones (tiene 1h10m13s) y el maratón de Valencia (2h40m49s), y ahora estoy liado con este sueño de bajar de 2h35m.
–¿Y si no sale?
–Gemma me dice: ‘Si no te sale, no te frustres, que no te dedicas a esto’.
Ya ya, es fácil decirlo.
Busquen a Martí Márquez este domingo. Será uno más entre 32.000. Si le distinguen, estarán viendo a un fenómeno.

Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'

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