Jaled Bani Odeh, de 11 años, y Mustafa, de ocho, son los dos únicos supervivientes de la lluvia de balas con la que soldados israelíes cubrieron este domingo el coche en el que una familia palestina regresaba a Tammun, su hogar en el territorio ocupado de Cisjordania, tras una noche de compras con vistas al fin del Ramadán, que termina esta semana. Los militares mataron a tiros al resto de pasajeros: los padres, Ali (37 años) y Waad (35), y los hermanos pequeños: Mohamed, de cinco años, y Otmán, de seis, con necesidades especiales y casi ciego.
Lo cuentan los dos hermanos mayores nada más volver del hospital, medio sedados, con heridas leves y aún tratando de asimilar el vuelco que acaban de dar sus vidas. EL PAÍS ha hablado con ellos en su casa.
“Cuando dejaron de disparar, abrí la puerta y empecé a gritar: “¡Por favor, que alguien me ayude! ¡Todos los que estaban en el coche han muerto y mi hermano Mustafa se ha desmayado!”, recuerda Jaled. Los soldados, añade, lo sacaron del vehículo agarrándolo por el pelo, antes de pegarle y burlarse de él. Cuando les pidió ir a orinar, abrieron ampliamente las puertas del coche y le hicieron pasar por allí de forma que viese otra vez los cadáveres de sus padres y hermanos.
Era, hasta entonces, una noche feliz. Pese a que el Ramadán está a punto de acabar, era solo su primer iftar, la comida con la que se rompe el ayuno en el mes sagrado musulmán, con toda la familia. Ali, el padre, trabaja ilegalmente en la construcción en Israel, así que pasaba allí largas temporadas y limitaba los regresos a casa: cruzar la barrera de separación a escondidas supone jugarse la vida, explica su padre y abuelo de los niños, Jaled Bani Odeh, que acaba de perder de golpe a un hijo, una nuera y dos nietos.
Habían ido a Nablus, la ciudad más grande de la zona, para cumplir una tradición: comprar ropa nueva para el Aid al Fitr, la festividad que marca el fin del Ramadán. “Fuimos a una tienda [de ropa], pero estaba cerrada. Mi padre nos dijo que al día siguiente compraríamos ropa para el Aid y compramos unos dulces de masa frita crujientes”, cuenta Jaled.
Todo cambió en un instante, ya a punto de llegar a casa, en Tammun. Según coinciden los dos niños supervivientes y un testigo que vivía muy cerca (bajo anonimato por miedo a represalias), el coche familiar acababa de girar hacia una céntrica calle cuando se topó a pocos metros con agentes de las fuerzas especiales israelíes que efectuaban una redada y que, sin previo aviso, soltaron un diluvio de disparos de arma automática. “De repente empezaron a dispararnos. Me escondí debajo del asiento e intenté sacar a mi hermano Mohamed. Lo logré, pero lo encontré muerto”, dice Mustafa, herido por la metralla de las balas.
En el lugar pueden verse, en el asfalto, restos de sangre seca y de vidrios rotos. Ya no está el vehículo agujereado. Un vídeo difundido en la red social X muestra cómo un vehículo militar israelí, seguido por un jeep también del ejército, se lo lleva remolcado, con el parabrisas delantero destrozado por numerosos impactos de bala.
El ejército israelí se ha limitado a admitir este domingo en un comunicado que “cuatro palestinos murieron” cuando sus fuerzas abrieron fuego contra un coche en Tammun. Su versión es que el vehículo aceleró hacia los soldados y que estos, al “percibir una amenaza”, empezaron a disparar. Cuesta imaginar un acelerón, porque la curva está muy cerca y los coches no circulan a más de 30 o 35 kilómetros por hora.
Los niños coinciden en que no pasó nada excepcional antes de la ráfaga. Iban tres delante (con la madre y uno de los niños en el asiento de copiloto) y tres niños en la parte trasera. “Mamá quería coger algo del bolso y pasó al niño a papá un segundo. Él fue bajando de velocidad y yéndose hacia un lado. Estábamos a punto de detener el auto cuando comenzaron los disparos”, rememora Jaled. En medio del estruendo, lo último que oyó de su madre fueron gritos, y de su padre, la profesión de fe, habitual entre los musulmanes ante la cercanía de la muerte.
Jaled salvó la vida, pero le faltan las palabras (“es indescriptible”, zanja) para explicar la sensación de tener sobre los pies el cadáver de un hermano. Cuando cesaron los disparos, abrió la puerta y pidió ayuda.
Su relato es una sucesión de humillaciones. “Después de acabar con mi familia, se rieron de mí. Los soldados me sacaron a rastras, me tiraron al suelo y saltaron sobre mi espalda. Luego me metieron en uno de sus jeeps y me registraron, pero no encontraron nada. Uno me dijo: ‘Dime, sin mentiras, quién está contigo en el coche”. Les respondí que no había nadie excepto mi familia y yo. Me llamó mentiroso y empezó a golpearme en la cabeza y en la pierna”, afirma.
Luego —prosigue— le sacaron del vehículo militar y ordenaron que diese media vuelta, sin mirar atrás. Antes de sacar a Mustafa del coche, un soldado le agarró de la cabeza y le dijo: “Si descubrimos que hay alguien más contigo, te juro que te quitaré el alma con mis propias manos”.
Fue él quien tuvo que andar hasta la ambulancia para explicar la situación. Los militares ―como es habitual― no la dejaban acercarse. El Ministerio de Exteriores palestino denuncia que los militares israelíes “dejaron morir” a los heridos que no perdieron la vida en el acto, al negarles el socorro de los equipos de la Media Luna Roja Palestina que se habían desplazado al lugar.
Uno de los niños fallecidos, Otmán, tenía una grave parálisis y no estaba completamente ciego, pero apenas distinguía luces y formas borrosas, precisa el abuelo Jaled, que estaba muy unido a otro, Mohamed, al que solía ayudar en los estudios. Le animó a irse con sus padres y hermanos a Nablus, con la frase: “A mí me ves todo el tiempo, a tu padre apenas”.
A su hijo Ali le pidió que tuviese cuidado, por los soldados y colonos violentos en la zona. “Me respondió: ‘No te preocupes, papá. ¿Cómo me va a pasar algo? Vamos en familia y el coche tiene todos los papeles en regla”.
Horas más tarde, Jaled oyó que un coche había sido tiroteado. Tammun tiene 20.000 habitantes, así que no pensó que fuese el de su hijo, “yendo en familia y sin cristales tintados que pudieran generar sospechas”. Preguntó qué había pasado a un paramédico de una ambulancia que había aparcado cerca de su casa. Le respondió que no lo sabía bien porque los soldados israelíes les impedían llegar al sitio.
Un familiar le llamó más tarde desde el hospital, para contarle que estaba con sus dos nietos:
—¿Y todos los demás?
—No lo sé.
El ejército israelí ha asegurado que está investigando las circunstancias. Suele suceder cuando un caso así adquiere notoriedad o ha sido documentado. Se trata de opacas pesquisas internas, no civiles, en las que la norma es la impunidad. Según la ONG israelí de derechos humanos Yesh Din, entre 2016 y 2024, solo un 0,9% de las demandas presentadas por palestinos llevó a imputaciones.
La familia Bani Odeh se suma al millar de palestinos muertos en Cisjordania a manos de israelíes, militares en su gran mayoría, desde octubre de 2023, según datos de la ONG israelí B’Tselem. Al menos 27 lo han sido a manos de colonos. La ONG cifra en 16 los palestinos muertos por fuego israelí en lo que va de año, dato en el que no están incluidas ni las víctimas del tiroteo de este domingo ni cinco de los nueve fallecidos en ataques de colonos desde el inicio de la guerra contra Irán, hace dos semanas.

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