Los gorriones no son feministas

Hace 1 día 3

En los alrededores de la glorieta se van acumulando las activistas del feminismo en espera de la hora de comenzar su manifestación. Los gorriones, todos machos, las ignoran y siguen peleando.

Estos mismos gorriones que forman verdaderas esferas de pluma en su ceguera por el combate por la reproducción, ayer compartían amistosos las mesas de las terrazas, ansiosos de compartir unas miguitas desechadas por los comensales. ¿Qué ha ocurrido para este cambio de actitud en tan solo unas horas?

Antes de reflexionar sobre las inexorables leyes del comportamiento animal sigamos observando las circunstancias del comienzo de las manifestaciones feministas humanas: las militantes van acudiendo ataviadas con sus clásicos colores de combate, este año con peinados de relevante altura y tambores gigantescos para sus típicas batucadas. El feminismo, como los gorriones machirulos, como ellas dirían, también está en guerra.

Volvamos al espectáculo de los gorriones en combate, ritual, que no cruento, ya que se limitan a repartir aletazos y algún que otro picotazo, más intimidatorio que realmente cruento; todo ello mientras hacen lo posible por exhibir la negrura de sus pecheras. A pesar de constar de muy pocos colores, la librea del gorrión macho, formada por el negro, el gris, el castaño y el blanco, este por inhibición de los demás, resulta verdaderamente espectacular, sobre todo cuando las hormonas hacen de las suyas.

Porque la pechera negra de los machos de gorrión, tanto en intensidad como en extensión en superficie, indica a las hembras el valor hormonal de los machos, y los mejor dotados en tal pigmentación son los primeros elegidos a la hora de formar parejas para nidificar ahora que se acerca la inexcusable llamada de la procreación.

No es extraño que en el ocaso de la primavera veamos deambular algún gorrión macho poco pigmentado y de pequeña corbata que no consiguió aparearse; seguramente la naturaleza le dará una nueva oportunidad el próximo año si consigue sobrevivir al invierno, porque no es fácil llegar a los tres años de edad si se es gorrión y se vive en el ambiente urbanita humanizado.

La llamada de la procreación

El despertar belicoso de los gorriones se debe a la llamada a la procreación debida a las hormonas sexuales y su explosión responde fundamentalmente al aumento de la insolación al aproximarse la primavera. La cadena de estímulos se inicia en los receptores de la retina, pero no solo a ellos, ya que parece demostrado que en muchas aves toda la bóveda craneana es sensible a la iluminación, y transmite esta forma de energía al cerebro y a la glándula hipófisis, el 'cerebro endocrino' determinante de la secreción hormonal y sus derivaciones temperamentales.

Bécquer, en sus rimas, calificaría el espectáculo de hoy en la Glorieta de Carlos V como "contraste de vida y misterios": los gorriones machos pelean hipnotizados por la llamada a la procreación, las activistas del feminismo, convocadas por las proclamas sociológicas correspondientes, se hacen escuchar no solo con sus gritos, también con sus batucadas, y exhiben sus 'pinturas de guerra' y sus altos peinados y sus rastas llamando a sus reivindicaciones. En el fondo, aunque cambien las actitudes sexuales sigue tratándose de manifestaciones basadas en el mandato de la naturaleza.

Supermachos y domésticos

Pero la atracción a la pareja no solo se basa en la naturaleza en la exhibición de señales de dominancia sexual: también los buenos reproductores deben ofrecer a las hembras seguridad para las condiciones del establecimiento de los futuros nidos y de la supervivencia de la prole y ello requiere una serie de pautas de comportamiento que se resumen como "estrategias de la seguridad doméstica".

En este sentido hay hasta algunas especies de "aves jardineras", que atraen a las hembras no solo con sus vibrantes cantos, sino con la construcción de complejos "jardines" en la antesala de sus nidos, en los que incluyen junto a restos de materias vegetales toda clase de objetos brillantes o llamativos que puedan recolectar en su entorno.

También entre las aves hay machirulos, si se nos permite adoptar este término entre el complejo diccionario feminista: llamemos así a los machos excesivamente fogosos que atacan a las hembras incluso hasta provocarles la muerte; ni que decir tiene que se trata de errores evolutivos que convierten a tales ejemplares en indeseables para la especie.

En el mundo de la conducta humana estamos sobrados de individuos peligrosos para nuestras mujeres, con índices de ataques, incluso mortales para sus parejas o para cualquier individuo del sexo femenino que se cruce en sus demenciales caminos. No solo las mujeres, sino también los hombres y cualquier individuo en su sano juicio venimos a estar obligados a impedir tales conductas deleznables.

Y esta obligación poco tiene que ver con la agresividad que suelen demostrar las manifestaciones de corte feminista ideologizado en actos como el que estamos comentando.

La denuncia y eliminación social de los machirulos humanos que desgraciadamente sufre nuestra sociedad es obligación ineludible para todos los ciudadanos, no solo para las mujeres, sean estas o no feministas.

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