Era como si Teherán fuera una ciudad ucraniana. La defensa antiaérea sonaba una y otra vez mientras las luces de los disparos estallaban en el cielo como chispas. Los motores de los drones, esta vez los Lucas y no los Shahids, sobrevolaban los edificios, tan cerca que parecía que fueran a impactar en la fachada de cualquier vivienda.
Esta escena duró un par de horas. Las explosiones salpicaban el cielo intentando cazar lo que se cree es la copia estadounidense de los drones Shahids 136, los mismos que Irán vendió a Rusia –que, a su vez, mejoró la tecnología– y que atemorizan a los ucranianos desde hace años. Lo contradictorio, y triste, de la escena es que la mayoría de los teheraníes no entendía lo que pasaba; no podían identificar que esos drones que volaban contra ellos eran un invento de su industria militar. Solo miraban al cielo y, quienes estaban en la calle, buscaban algún techo para protegerse.
“¿De verdad esto es lo que viven en Ucrania? No sabía, pensé que la guerra se había acabado”, decía Ali, dueño de una tienda de frutas en el centro de Teherán al explicarle que esta escena se repite cada noche en las ciudades ucranianas atacadas por Rusia. Minutos después, una de las agencias de noticias relacionadas con la Guardia Revolucionaria anunció que el objetivo de esos aviones no tripulados eran los múltiples controles que los diferentes cuerpos de la policía, y especialmente de las milicias basijis , han levantado en toda la capital. En esa primera noticia, publicada más rápido de lo inusual, hablaban de al menos tres milicianos muertos.
“Hay gente que empezó a celebrarlo y yo eso no lo entiendo. Por más que ellos sean los mismos que nos matan en la calle”, dice Hussein, que tiene una pequeña empresa de impresiones. “¡Son iraníes y estamos siendo atacados! Tendríamos que apoyarnos todos”, añade, opinando sobre un gran debate que surgió apenas se supo que estos drones, que sobrevuelan la ciudad desde el pasado jueves en busca de patrullas, tenían como objetivo atacar a quienes están vigilando las calles.
Desde el inicio de los ataques de Estados Unidos, la presencia armada ha ido aumentando en las calles. A las caravanas de motos con oficiales armados –habituales en época de protestas– se han ido sumando diferentes vehículos blindados, muchos de ellos con ametralladoras en su parte alta. También se han sido levantando decenas de patrullas en las avenidas y calles estratégicas de la ciudad.
Llama la atención el incremento de grupos de basijis voluntarios por los diferentes barrios y sectores de la ciudad. Se distinguen porque no tienen atuendo militar; algunos solo se identifican con un chaleco y otros van vestidos como les de la gana. Eso sí, todos van con sus armas a la vista.
Las milicias armadas “son mi enemigo”, dice Marjan, que no siente pena porque se lancen drones contra ellas
Marjan, enfermera de 35 años, confiesa que tiene miedo de salir a la calle, tanto por los ataques aéreos como por lo que pueda pasar en uno de esos controles armados.
“Ellos [las milicias] son mi verdadero enemigo”, explica, añadiendo que no siente pesar por los ataques con drones a los milicianos. “No están en las calles para defendernos sino para mandarnos un mensaje de temor y evitar que pidamos el fin de la República Islámica. Están ahí para recordarnos que pueden matarnos”, asegura.
Conversando en un bazar, recuerda que esos mismos hombres lideraron la represión en enero, cuando –cifra oficial– murieron 3117 personas. La organización Hnara, que investiga crímenes de guerra en Irán, ha confirmado 7.007 fallecidos e investiga 11.000 casos más.
“No tuvieron reparos en matar masivamente y no tendrán reparo en hacerlo de nuevo; nuestra vida no vale para ellos”, añade Marjan, que en las últimas protestas se unió a las demostraciones desde su coche.
Horas antes de que el jueves los drones empezaran a caer sobre Teherán el comandante de la policía, Ahmad Reza Radan, afirmó cualquiera que salga a las calles “a petición del enemigo” ya no será visto como un manifestante, sino como un “enemigo”, y afirmó que las fuerzas de seguridad tienen “el dedo en el gatillo” contra ellos.
Un presentador de la televisión pública también ha lanzado amenazas contra la población: “Cuando se calme la situación, iremos a por vosotros... Confiscar vuestras propiedades será lo de menos. Os haremos pagar a vosotros y a vuestras familias, estéis dentro o fuera del país”, amenazó.
“¿De verdad esto es lo que viven en Ucrania? Pensé que la guerra se había acabado”, dice un teheraní de los drones
Estados Unidos e Israel han insistido en que están creando las condiciones para que eventualmente los iraníes puedan salir a la calle para “terminar la tarea”, es decir, acabar con la República Islámica. “Esta es posiblemente la última oportunidad en generaciones”, advirtió el presidente Trump.
Muchos de los objetivos estadounidenses e israelíes de los últimos días en Teherán han sido bases militares, de la policía y de las milicias, pero esto tiene grandes consecuencias en los civiles que viven a su alrededor y que nunca reciben alertas. La autoridades aseguran que 18.880 unidades de viviendas y comercios han sido destruidos o dañados solo en la capital..

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