La vacuna contra el herpes zóster podría reducir el riesgo de demencia, según varios estudios

Hace 21 horas 1

El Alzheimer y otras demencias siguen siendo uno de los grandes desafíos de la medicina. Más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo y cada año se diagnostican cerca de 10 millones de nuevos casos. Pese a décadas de investigación, los tratamientos siguen siendo limitados y las estrategias de prevención escasas.

En este contexto, un hallazgo reciente ha despertado interés entre los científicos: las personas vacunadas contra el herpes zóster parecen desarrollar menos demencia.

Aunque no se trata de una vacuna diseñada contra estas enfermedades, estudios publicados en revistas como Nature, Cell o Vaccine sugieren que controlar la reactivación de ciertos virus latentes podría tener efectos protectores sobre el cerebro.

La hipótesis conecta dos campos que hasta hace poco apenas se relacionaban: las infecciones virales y las enfermedades neurodegenerativas. Y plantea una pregunta clave: si algunos virus contribuyen al daño cerebral con el tiempo, ¿podría evitar su reactivación ayudar también a proteger el cerebro?

Virus que permanecen ocultos durante décadas

Para entender esta relación hay que mirar a una familia de virus muy común: los herpesvirus.

Entre ellos destacan dos especialmente frecuentes:

  • Virus del herpes simple tipo 1 (HSV-1), responsable del herpes labial.
  • Virus varicela-zóster (VZV), causante de la varicela en la infancia y del herpes zóster en la edad adulta.

A diferencia de otros virus, los herpesvirus no desaparecen completamente del organismo tras la infección inicial. Permanecen latentes en el sistema nervioso y pueden reactivarse años o incluso décadas después.

Con la edad, el sistema inmunitario pierde eficacia —un fenómeno conocido como inmunosenescencia— y las reactivaciones virales se vuelven más frecuentes. Este proceso puede desencadenar episodios repetidos de inflamación en el sistema nervioso, lo que ha llevado a algunos investigadores a preguntarse si estas infecciones podrían influir en el deterioro cognitivo.

En términos científicos, la hipótesis es que la neuroinflamación crónica provocada por infecciones virales podría acelerar procesos neurodegenerativos.

El mecanismo biológico que podría activar el Alzheimer

Uno de los estudios experimentales más influyentes en este campo se publicó en el Journal of Alzheimer's Disease.

Los investigadores analizaron cómo interactúan dos virus distintos en células neuronales humanas cultivadas en laboratorio: HSV-1 y VZV.

El resultado fue sorprendente. El virus varicela-zóster por sí solo no generaba las alteraciones típicas del Alzheimer. Sin embargo, cuando infectaba células que contenían HSV-1 latente, provocaba la reactivación de este virus, desencadenando procesos celulares característicos de la enfermedad.

Entre ellos se observaron:

  • Acumulación de β-amiloide
  • Alteraciones en la proteína tau
  • Aumento de citocinas inflamatorias.

Estos cambios son algunos de los principales marcadores biológicos asociados a la neurodegeneración.

En otras palabras, el herpes zóster podría actuar como un desencadenante que reactiva otros virus latentes en el cerebro, iniciando cascadas inflamatorias que dañan las neuronas.

El experimento natural que cambió el debate

Las pistas epidemiológicas más contundentes llegaron en 2025 con un estudio publicado en Nature.

Los investigadores aprovecharon una peculiaridad del programa de vacunación contra el herpes zóster implantado en Gales. La elegibilidad para recibir la vacuna dependía estrictamente de la fecha de nacimiento.

Las personas nacidas antes del 2 de septiembre de 1933 no podían vacunarse, mientras que quienes habían nacido justo después sí eran elegibles durante al menos un año.

Esta circunstancia permitió comparar dos grupos de población prácticamente idénticos —separados por apenas unos días de edad— pero con una diferencia importante: unos habían podido vacunarse y otros no.

Al analizar los historiales médicos de más de 280.000 adultos mayores, los investigadores observaron que la vacunación reducía en torno a un 20% el riesgo de desarrollar demencia durante un seguimiento de siete años.

Este tipo de diseño, conocido como experimento natural, es especialmente valioso porque permite aproximarse a los resultados de un ensayo clínico evitando muchos sesgos habituales.

Resultados que se repiten en millones de pacientes

Los datos han sido confirmados en otros estudios.

Un análisis publicado en Vaccine examinó registros médicos de 4,5 millones de personas en Estados Unidos para evaluar la vacuna recombinante contra el herpes zóster (Shingrix).

Los investigadores encontraron que la incidencia de demencia fue:

  • 99 casos por cada 10.000 personas-año entre los completamente vacunados
  • Frente a 135 casos por cada 10.000 personas-año en los no vacunados.

Tras ajustar por edad, enfermedades previas y otros factores, la vacunación completa se asoció con una reducción del riesgo de demencia del 32%.

Además, el estudio reveló otro dato significativo: haber sufrido herpes zóster aumentaba el riesgo de demencia, mientras que el tratamiento antiviral tras la infección se asociaba con una reducción importante del riesgo.

Este patrón refuerza la idea de que la actividad viral puede desempeñar un papel biológico en el deterioro cognitivo.

Un posible efecto a lo largo de toda la enfermedad

Otra investigación publicada en la revista Cell analizó si la vacunación podía influir en diferentes fases del deterioro cognitivo.

Los resultados indicaron que la vacuna contra el herpes zóster se asociaba con:

  • Menos diagnósticos de deterioro cognitivo leve
  • Menos diagnósticos de demencia
  • Una menor mortalidad entre personas que ya padecían la enfermedad.

Esto sugiere que el control de las reactivaciones virales podría influir en distintas etapas de la enfermedad, posiblemente reduciendo la inflamación crónica o mejorando la respuesta inmunitaria.

Una línea de investigación esperanzadora

A pesar del entusiasmo que generan estos resultados, los científicos insisten en la prudencia.

Los estudios disponibles muestran una asociación consistente, pero todavía no demuestran de forma definitiva que la vacuna contra el herpes zóster prevenga la demencia.

Para confirmar esta relación sería necesario realizar ensayos clínicos específicamente diseñados para evaluar este efecto.

Aun así, los datos acumulados apuntan a una idea cada vez más plausible: las infecciones virales podrían ser una pieza importante en el complejo rompecabezas del Alzheimer.

Si futuras investigaciones confirman esta hipótesis, el impacto podría ser enorme. Una vacuna ya disponible y ampliamente utilizada podría convertirse en una herramienta inesperada para reducir el riesgo de una de las enfermedades más devastadoras del envejecimiento.

Porque a veces, en ciencia, las pistas más prometedoras aparecen donde menos se esperaba: en una vacuna diseñada para una enfermedad completamente distinta.

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