La curiosidad profesional

Hace 1 día 3

Esta semana he participado en un encuentro con directivos de una gran compañía. Teníamos una agenda intensa. Estrategia, equipos, gestión del cambio. Lo habitual en este tipo de reuniones. Pero lo más interesante ocurrió en los descansos. Durante el café saludé a algunos de los especialistas en pequeños corros (uno en fiscalidad, otro en laboral, otro en compliance …) y empecé a hacerles preguntas. Preguntas de pura curiosidad. Dudas que me surgían sobre temas que no domino.

Cuando sabían la respuesta, la proporcionaban con naturalidad. Pero cuando no estaban seguros, ocurría algo que no me esperaba. Decían: “Espera un momento, que quiero consultarlo”. Yo, apurado, respondía: “No, no, no es importante. Era solo por si lo sabías”. Intentaba frenarles. Les decía que no hacía falta. Que era solo una curiosidad. Pero insistían: “No, no. Ahora me ha picado la curiosidad”. Y se iban a buscar la información. ¿Para responderme? Ya no. Ahora era ya para responderse a ellos mismos. Cuando terminó el encuentro, el CEO me preguntó qué impresión me había causado la organización. Le dije muchas cosas positivas. Buen ambiente. Profesionales sólidos. Cultura de trabajo clara. Pero añadí algo más. “Tenéis curiosidad profesional”. No es un rasgo menor. La curiosidad profesional es seguir queriendo entender más cosas, aunque lleves veinte años en tu campo.
No conformarte con lo que ya sabes. No dar por cerrado el mundo. Muchos profesionales pierden esa energía con el tiempo. La curiosidad es una característica profundamente humana. Los niños la tienen de forma natural. Preguntan sin parar. Quieren saber cómo funciona todo. De adultos empezamos a creer que ya lo entendemos casi todo. O, sencillamente, deja de motivarnos saber lo que todavía ignoramos. Y ahí empieza el declive silencioso.

Actitud

No conformarte con lo que ya sabes, no dar por cerrado el mundo; muchos profesionales pierden esa energía con el tiempo

Hace años tuve una experiencia reveladora. Conocí personalmente a mi coautor de dos libros, Philip Kotler, en Madrid. El gran referente mundial del marketing. Tenía entonces cerca de ochenta años. Me pidió visitar el Museo del Prado. Pensé que sería una visita tranquila. Fue todo lo contrario. En cada cuadro surgía una pregunta. ¿Por qué los reyes tenían enanos en la corte? ¿Por qué se pintaban tantas naturalezas muertas con fruta? ¿Por qué Velázquez utilizaba esa composición? Una pregunta detrás de otra. Sin pausa. Yo tenía treinta y pocos años. Acabé agotado. No le seguía. Entendí algo. La energía intelectual de Kotler venía de su curiosidad. Seguía mirando el mundo como alguien que todavía quiere descubrirlo. Ochenta años.
Curiosidad en máximos.

Esa actitud explica muchas carreras largas y fértiles. La curiosidad mantiene la mente en movimiento. Evita el estancamiento. La curiosidad es una forma de inteligencia activa. Consiste en mantener fresco el impulso de entender. Y eso es, entre otras cosas, lo que nos mantiene vivos, pues, distinto a otras competencias, en lugar de agotarse, puede crecer toda la vida.

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