Irene Rosales, quien durante años ha sido el pilar fundamental y el escudo mediático de Kiko Rivera, se sentó en el plató de ¡De Viernes! para ofrecer su entrevista más reveladora hasta la fecha. Una esperada intervención en la que la sevillana navegó entre la lealtad familiar, su nueva etapa vital y un reencuentro que la audiencia llevaba años esperando. Desde el primer minuto, Rosales dejó claro que su presencia allí no respondía a un impulso, sino a una necesidad de poner puntos sobre las íes en un momento de absoluta transformación personal.
Tras años de guerras dentro del clan Pantoja y el distanciamiento casi total de Kiko Rivera con su madre, Isabel Pantoja, y su hermana, Isa Pi, Irene ha pasado de ser la 'conciliadora' a ser una mujer que prioriza su salud mental y la estabilidad de su hogar. Sin embargo, el gran giro de guion de la noche fue la naturalidad con la que abordó la presencia en las instalaciones de Telecinco de Guillermo, el joven que ha devuelto la ilusión a su vida en un marco de libertad que muchos no terminan de comprender, pero que ella defiende con uñas y dientes. "He pasado mucho tiempo cuidando de todo el mundo menos de mí misma, y Guillermo ha llegado en un momento en el que necesitaba recordar quién era Irene, más allá de ser 'la mujer de'", confesó con serenidad.
La tensión en el plató alcanzó su punto álgido cuando se produjo el esperado encuentro con Jessica Bueno. La relación entre ambas, marcada históricamente por la figura de Kiko Rivera y la crianza del hijo mayor de este, ha pasado por altibajos en los últimos años. Lejos de la confrontación que muchos buscaban, ambas mujeres demostraron una madurez que dejó pequeña la polémica. Irene, mirando fijamente a Jessica, no dudó en reconocer el papel de la modelo en el equilibrio familiar: "Jessica y yo compartimos algo que está por encima de cualquier plató, que es el bienestar de un niño que es el hermano de mis hijas. Siempre le estaré agradecida por cómo ha sabido separar los conflictos de los adultos de la felicidad de los pequeños".
Por su parte, Jessica Bueno confesó sentirse "muy agradecida" con Irene: "Mi hijo la adora; se ha portado muy bien con él, lo ha querido como un hijo. Le deseo toda la felicidad del mundo, que se la merece, y que luche por su felicidad y por crecer ella misma, no necesita a nadie. Me gusta lo que ha dicho de que su nueva pareja está con ella para complementarla y no porque lo necesite para ser feliz. Mi casa y mi hijo siempre van a estar ahí para ti. No hace falta que haya un intermediario de por medio". El gesto de complicidad entre ambas fue el cierre definitivo a una etapa de hostilidades mediáticas.
Sobre Kiko Rivera, el tono de Irene fue agridulce pero firme. A pesar de los rumores de crisis y la complejidad de su situación actual, la sevillana fue tajante al definir su vínculo: "Kiko es y será siempre una de las personas más importantes de mi vida. Hemos vivido el cielo y el infierno juntos. Pero amor también es saber dejar espacio para que el otro sane, y ahora mismo estamos en un proceso en el que la prioridad es que él se encuentre bien consigo mismo para que nosotros podamos estar bien". Unas declaraciones que desarman las teorías de una ruptura traumática, sugiriendo en su lugar una transición hacia un modelo de relación mucho más maduro y menos dependiente.
No obstante, sí confesó que ha existido un "desacuerdo" entre ambos en los trámites del divorcio: "Yo le había comentado una cosa a su abogado. El rebote de él es querer pedirme la custodia compartida, el abogado me dijo que me calmase". Ahora, han llegado a un "convenio de mutuo acuerdo". Cree que ese episodio fue el detonante de la ausencia de comunicaciones entre ambos: "Lo vi una manera de atacar". Todo sucedió entre finales de 2025 y principios de 2026. "Hasta diciembre o principios de enero teníamos una relación normal en la que nos podíamos llamar". De repente, se pierde por completo el vínculo e incluso las relaciones entre familiares se terminan. "Dejó de tener relación con mi familia".
Irene Rosales no entiende su reacción ni ese distanciamiento con ella ni con sus seres queridos por parte de Kiko Rivera. "No entiendo el motivo por el que ha dejado de tener relación con mi familia, que ha sido la primera que le ha abierto los brazos y que le ha hecho un hueco más. Si hemos tenido motivos de peso para separarnos más, no creo que exista motivo de peso de saber cómo está mi familia o saber cómo está él o cómo estoy yo".
La entrevista no solo se centró en sus relaciones, sino en el peso de la herencia emocional de los Pantoja. Irene relató cómo ha gestionado el silencio de Cantora y la soledad que a veces implica estar en el ojo del huracán. "Se me ha juzgado mucho por no hablar, por no posicionarme, pero mi silencio ha sido mi mayor muestra de respeto hacia una familia que, para bien o para mal, es la de mi marido", explicó mientras detallaba cómo ha logrado construir un muro de protección alrededor de sus hijas.

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