La alfombra pocha de los estrenos

Hace 6 horas 1

Que los ‘influencers’ la hayan conquistado es lo normal cuando el cine es lo de menos

El músico Sitoh Ortega y la actriz y productora, Amanda Santos, ambos académicos del Cine andaluz, en la clausura del Festival de Málaga.Europa Press (Europa Press)
Jimina Sabadú

El gran acierto de Paquita Salas fue mirar a los actores desde fuera del photocall. Las servidumbres y penurias de esta carrera de fondo (en la que no hay un camino marcado) pasan por el photocall. En ocasiones se pide como favor al jefe de prensa que te dejen posar. La prensa gráfica —que ni sabe quién eres ni le importa— te fotografía por si las moscas. En ocasiones el jefe de prensa no puede o no quiere colarte. En una enternecedora escena de la citada serie, Macarena posa a solas cuando ya ha acabado el estreno. Cuántas veces he presenciado esto en la vida real.

Estar en el photocall es la prueba de que interesas. Conocí a una actriz (de esas que ya tuvieron que abandonar) que hacía varios en la misma tarde, cambiándose a toda prisa y recorriendo Gran Vía para estar en todas las alfombras. Nunca se quedaba a las películas. Su guerra era otra (sobrevivir, medrar, existir... no lo consiguió).

En el photocall interesa más Alejandra Rubio que Alejandro Amenábar, pesa más Vicky Martín Berrocal que Kiti Mánver. Cuanto menos trabaja un actor, más interés tendrá en pisar la alfombra roja. Interesan los actores, y en menor medida los directores. Algún guionista conozco al que han echado de la alfombra roja de su propio estreno, y conozco a muchos que ni siquiera han sido invitados. Si el equipo creativo (en el técnico ya ni entramos) es expulsado de las mieles de su propio estreno, cómo no vamos a tener unas alfombras rojas colonizadas por sansirolés del lifestyle y la belleza.

El cine se ha convertido en el telón de fondo de una fanfarria promocional para artículos de lujo, siendo los relojes y el champán las verdaderas estrellas. Tras el penoso trámite de ver alguna película, los asistentes hacen un esprint para llegar a la fiesta de Fulano o de Mengano. A menos aforo, más famosos los asistentes. A más famosos los asistentes, más difícil es entrar. En la fiesta general (la de los Goya, la de Málaga, la de cualquier lado) se quedan los que buscan vender algo. Como en un Cookalein, todos buscan a alguien con dinero para invertir. Un triste carnaval de sueños rotos a unas horas a las que la faja aprieta y el zapato incordia. Que los influencers hayan conquistado la alfombra roja es lo normal cuando el cine es lo de menos.

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