Irán incrementa la represión interna con una oleada de detenciones que, según los reportes conocidos, habría dejado un balance de 93 arrestos. Solo en las últimas horas, y según informa la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, las fuerzas de seguridad habrían detenido a 54 supuestos 'alborotadores monárquicos'. Las autoridades de la dictadura iraní aseguran que estas personas trataban de "incitar a la opinión pública" y generar inestabilidad en el país.
La versión oficial relata que los arrestados habrían intentado influir en el clima social en medio de la guerra con Estados Unidos e Israel. Además, se les acusa de planear acciones para "crear el caos" mediante ataques contra bienes públicos.
La etiqueta de "monárquicos" no es casual. Desde la caída del régimen del sha tras la Revolución Islámica, el movimiento que defiende el regreso de la monarquía ha permanecido como una de las corrientes opositoras al sistema teocrático iraní. Su figura más conocida es Reza Pahlavi, hijo del último monarca iraní y uno de los principales críticos del actual régimen desde el exilio. En Libertad Digital disponen de un riguroso perfil del primogénito de Farah Diba.
Las autoridades también han anunciado la detención de dos supuestos espías, acusados de proporcionar información sensible a Washington y Tel Aviv. Según las acusaciones difundidas por Fars, estos individuos habrían enviado la localización de instalaciones estratégicas iraníes para facilitar ataques militares contra ellas. Además, las fuerzas de seguridad sostienen que los detenidos remitieron imágenes de zonas bombardeadas dentro del país a medios de comunicación opositores con sede en el extranjero para su difusión.
Colaboradores de potencias enemigas
Las detenciones no se han limitado a la capital. En la provincia de Kermán, en el este del país, otras 14 personas han sido arrestadas por presuntas "actividades contrarias a la seguridad", según informó la agencia Tasnim, que no ofreció más detalles sobre los cargos.
La oleada de arrestos llega en un momento de fuerte tensión interna. Desde el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero entre Irán, Estados Unidos e Israel, las autoridades iraníes han multiplicado las operaciones policiales contra supuestos colaboradores de potencias enemigas y contra opositores al régimen.
Irán sostiene que estas acciones son necesarias para preservar la seguridad nacional en plena guerra. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos han advertido en ocasiones anteriores de que este tipo de campañas suelen ir acompañadas de amplias detenciones de disidentes y críticos de la dictadura iraní.

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