Hable el socio y callen los demás

Hace 2 días 3

La ociosidad es la madre del vicio; la impaciencia, el padre de la adivinación. Así que la semana ha sido propicia para ponerse hasta arriba de pronósticos. ¿Barrerá Joan Laporta? ¿Le robará la cartera Víctor Font al hasta ahora presidente? ¿Será un escrutinio a cara o cruz? Al final, como casi siempre, cada predicción se limita a ser la expresión del deseo, más o menos explícito, de quien la formula. Nadie tiene, en realidad, idea de nada.

Joan Laporta y Víctor Font durante un debate electoral  

Joan Laporta y Víctor Font durante un debate electoral  Quique García / EFE

Dando por bueno que no hay pitoniso que valga, el máximo atrevimiento que autoriza la prudencia es el que reproduce el estado de ánimo más generalizado en los lugares en los que se han picoteado opiniones. El agregado de las mismas vendría a decir que, si Font y Laporta fuesen valores bursátiles, el primero habría protagonizado un rally alcista durante la campaña, mientras que la cotización de Laporta se habría mantenido plana.

Font ha conseguido llegar hasta el final manteniendo la incertidumbre sobre el resultado

Pero, en realidad, no estamos más que ante un espejismo de realidad que tampoco dice nada; una sombra en la pared. Entre otras cosas, porque del Barça y sus elecciones opina todo el mundo: basta con saber que la pelota es redonda para fijar posición sobre los candidatos. Pero votar, solamente votan los socios. Esto conlleva una grave confusión de ánimo a la hora de proyectar resultados sobre el recuento del domingo. Es como si en unas elecciones generales, de cada diez apuestas sobre el resultado, nueve las hicieran menores de edad sin derecho a voto. Como el mando en plaza solo es del socio, y este es muy suyo —y si no, pregunten a Lluís Bassat—, vaya usted a saber.

Lo que sí puede decirse del aspirante, suceda lo que suceda cuando se cuenten las papeletas, es que ha conseguido llegar hasta el final manteniendo la incertidumbre sobre el resultado y obligando a Laporta a fajarse en campaña.

Puede que estemos ante un espejismo a punto de desvanecerse, o puede que no. Pero el mérito de que los aficionados estemos pendientes del resultado, porque ha cuajado la idea de que no está todo el pescado vendido, ha de reconocérsele.

El socio elegirá mañana entre el yin y el yang. Laporta es una fuerza de la naturaleza; Font, un racionalista sereno. Y del carácter nace todo lo demás. El laportismo es arrollador e imprevisible, pasional y poco dado a las explicaciones; un “confía en mí, que yo te llevo”. El fontismo –no existe la palabra todavía– es calculador y menos sorpresivo, más detallista y cerebral. Laporta es capaz de conducir sin seguro; Font no se sube a un vehículo sin una póliza a todo riesgo. Mañana por la noche, uno de los dos ocupará el asiento del conductor. Hablará el socio y callarán todos los demás.

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