Quizás no haya peor traje en el mundo del deporte que el traje de perdedor. Por cruel, ya que todo el mundo te coloca de antemano el papel de segundón sin importar tu trabajo, y por la dificultad de sacarse ese sambenito y voltear ese estado de opinión. A Víctor Font, que había mantenido el tipo en la campaña, se le puso cara de eterno quiero y no puedo durante toda la jornada de ayer. Mal cuando un candidato pasa desapercibido en el gran día. Inexplicablemente, el suelo se tragó a Font en el día de las elecciones y los resultados, después, corroboraron el desastre del líder de Nosaltres.
El empresario de Granollers conoce bien ese sinsabor. No le es nuevo. En el 2010 estaba en el equipo de Marc Ingla que solo pudo ser tercero, en el 2021 pagó ser debutante en un momento muy polarizado y en el 2026, pese a convertirse en la alternativa única, no logró capitalizar el descontento de la oposición.
Ni con plebiscito hubo partido ajustado. Ni con los golpes de efectos de la recogida de firmas y la entrevista de Xavi con La Vanguardia. Ni invocar el nombre de Håland. Tuvo todo lo que había deseado e imaginado y ni así. En cinco años, ha perdido votos.
“Seguramente es evidente lo que siempre decimos, que la pelotita y el resultado deportivo cuentan mucho. Esto y el regreso al Camp Nou han estado por encima de muchas cosas que no funcionan”, analizó los resultados Font, que pidió que no se vuelva a rechazar el voto por correo. “Nos hubiera gustado que la participación fuera más alta de lo que ha sido. De este proceso debemos extraer la conclusión de que debería ser la última vez que se hace de esta manera”.
De unas elecciones a otras, aprendió a pelear en los debates, ya no únicamente se defendía. Mejoró para ser un agresivo líder de la oposición. Se le olvidó visualizarse como ganador y sobre todo actuar como si dominase el cotarro. No le salió nunca o se podría incluso decir que ni siquiera lo intentó. Porque llegó tarde a las instalaciones del Camp Nou, apenas se le vio en la carpa de votaciones y cuando se quiso dar cuenta Laporta le había arrebatado todas las imágenes de impacto. Fue engullido por el torbellino Laporta.
Mal cuando a un candidato apenas se le ve. Cierto es que su personalidad es más cuadriculada y menos flexible, pero se pasó de ordenado y cedió todo el protagonismo. Font también se paraba y charlaba con socios, pero de uno en uno. Nunca en masa.
Íntegro, ético y estéico, hizo cola como todos para acceder al centro de votación, mientras su adversario llevaba en el epicentro desde las nueve de la mañana. Pasadas las 12 del mediodía depositó su voto. Le recibieron algunos gritos de “president, president” aunque también fue silbado por seguidores de Laporta. La gente de su equipo respondió y los acallaron entonando el Cant del Barça.
Tras el partido contra el Sevilla, Font siguió paralizado, en fuera de juego. Porque la proximidad de Laporta con los futbolistas del primer equipo no es la suya y, alejado siempre de los focos, había pasado a ser un invitado de piedra en el clima de euforia de su rival. Las imágenes y las señales eran inequívocas y dejaban poco lugar a las dudas. “No son los resultados que esperábamos porque queríamos ganar. Estoy triste porque tenía la ilusión de transformar el club, de acercarlo más a la gente… es una lástima, pero aceptamos el resultado como no puede ser de otra forma. Felicitamos al presidente electo y le deseamos mucha suerte”, ondeó la bandera blanca.
Acto seguido caminó a encontrarse con el ganador y darle un abrazo... con un encargo: “Ahora a por la Champions”, le pidió.
Habrá más Laporta, Font sigue esperando su oportunidad. ¿Se atreverá en el 2031 con su historial? “Esto no va sobre nombres sino de modelos. El Barça que defendemos llegará antes que tarde. Seguiré luchando para que el club de mi vida sea lo que yo sueño con que debe ser”, prometió.

Hace 12 horas
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