Bielle-Biarrey y Ramos son leyenda: Francia reedita su título del Seis Naciones

Hace 1 día 3

No importa quién seas, no importa lo que hagas, no importa lo concentrado que estés. No me vas a alcanzar

Usain Bolt

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En enero, Canal+ organizaba un divertido experimento.

Reunió a Louis Bielle-Biarrey y a Christophe Lemaitre en una pista de atletismo y les propuso que se calzaran las zapatillas de clavos y se midiesen en una carrera de 50 metros.

La historia tenía su gracia y su intríngulis, era algo así como la versión europea de los circenses duelos estadounidenses, cuando jugadores de fútbol americano se medían a velocistas, como Tyreek Hill ante Noah Lyles, o Chris Johnson frente a Usain Bolt...

En el experimento de enero ganó Bielle-Biarrey, y los datos cuentan que, en algún momento de la prueba, el hombre había alcanzado los 38,5 km/h, equivalentes a un registro de 10s69 en los 100m.

Pas mal.

Pues, a diferencia de Lemaitre (35), que en la década pasada había sido un velocista de renombre, el primer blanco que rompía la barrera de los diez segundos en los 100m, Bielle-Biarrey es un jugador de rugby.

El duelo ha sido una agonía para Francia: tenía el marcador en contra y un hombre menos en el tramo final

Cuando se le comunicó la noticia, la parroquia francesa del rugby se frotó las manos: su héroe Bielle-Biarrey, el MVP del Seis Naciones del 2025, se mantenía en un estado de forma óptimo

El tiempo le ha acabado dando la razón a todos.

¡Bendición!

Este sábado, en el Stade de France en Saint-Denis, Bielle-Biarrey (22) ha sumado cuatro ensayos.

Cuatro en un partido de rugby, una locura en un compromiso decisivo para los franceses. Y aferrados a su galgo (cerró el campeonato con nueve ensayos), los franceses encadenaban su segundo título del Seis Naciones, hito que no lograban desde hacía casi veinte años, desde el periodo 2006-2007.

Los ingleses han tirado de orgullo, moralmente malheridos en una temporada tristona: se les cuestionaba por su falta de compromiso y la ausencia de un líder definido, apenas habían ganado uno de sus cuatro partidos del torneo.

Inglaterra, malherida tras una temporada discreta, sacaba el orgullo: jamás ha entregado el partido

Ajenos a las críticas, esta vez se han sacudido los demonios: sin jugarse nada más que el prestigio, se mostraban extraordinariamente agresivos en ataque, y durante buena parte del partido sembraban el desconcierto en las atiborradas tribunas de Saint-Denis, con sus 82.000 espectadores: se ponían arriba por 17-27, o por 38-39 a un cuarto de hora del cierre, incluso por 45-46 a tres minutos del final, y los franceses, que necesitaban el triunfo para llevarse el título (si no lo hacían ellos, lo harían los irlandeses, vencedores ayer ante Escocia, por 43-21), estaban que no les llegaba el agua al cuello.

Se les iba el trofeo –se veían con el marcador en contra y un hombre menos tras la exclusión de Demba Bamba– hasta que aparecía Thomas Ramos en el último instante para firmar un lanzamiento entre palos desde 42 metros, voltear el marcador y cerrar el compromiso bajo el himno de La Marsellesa.

Este deporte es una oda a los sentidos.

Sergio Manuel Heredia Tapia

Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'

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