Sánchez y Trump, entre (J)odios anda el juego

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"(H)odiaros los (h)unos a los otros como yo os (h)odio a todos". Su Sanchidad se lo puso a huevo al departamento de agitprop de la presidenta Ayuso: "Veo que la herramienta que presentó contra el odio se llama 'jodío', que es como lo llevan ustedes". El copyright lo tiene doña Rogelia. "¡Cómo raspas, jodío!", le espetó a Jorge Javier Vázquez cuando todavía era un tipo divertido y no un amargado por exceso de bótox. "¿Tú has visto el labio de Jorge Javier? Como para abrir botellines de cerveza", bromea el Moranco César Cadaval con Pablo Motos.

El Gobierno va a medir la huella de odio en las redes sociales. No lo hará en la televisión pública. Tampoco en El Plural (un libelo creado en 2005 por Miguel Barroso, cuando era secretario de Estado de Comunicación en el primer Gobierno de Zapatero). Son dos ejemplos, hay más. El mañanero Javier Ruíz, manipulador espídico, y el mala lengua de Jesús Cintora, despedido de Mediaset ("nuestra programación tiene el claro objetivo de informar, que no de formar… y con unos presentadores que traten la información de manera objetiva"). Agitadores pagados con dinero de todos los contribuyentes, que han sido duramente criticados por el Consejo de Informativos de RTVE (CiF). "Algunos tertulianos usan un lenguaje agresivo. Las descalificaciones son frecuentes… es impropio que RTVE sirva de altavoz a mensajes de odio que contribuyen a la polarización de la sociedad", se afirma en el Informe del Cif. Uno de esos tertulianos es la nueva musa de la izquierda. De Marisol, Nuria Espert, Ana Belén, Rosa María Mateo… a Sarah Santaolalla. Qué ordinariez. Qué involución. Da pereza solo de pensarlo.

El Consejo de Informativos también alerta de la emisión de noticias falsas. Recuerda la acusación del presentador Javier Ruíz: "Un responsable de la UCO quiso atentar contra el Presidente del Gobierno". Denuncia el CiF que esto es "incompatible con programas que se anuncian como aquellos que quieren acabar con los bulos". El Gobierno vigilará el odio en las redes sociales (que haberlo ahílo) pero omite que propaga la división y el enfrentamiento en los medios públicos y privados que controla. Vocean sus montajes. El 21 de abril de 2021, la ministra Reyes Maroto recibió una carta con una navaja ensangrentada enviada por un chiflado que puso su dirección en el remite. El País hizo un montaje fotográfico mostrando una faca que podía ser de El Tempranillo. A los dos días, Pedro Sánchez condenaba rotundamente las "graves amenazas" a Marlaska y Pablo Iglesias, que habían recibido unos sobres con balas en su interior. ¿Cómo llegaron las balas al despacho del ministro? Estos días anda la izquierda excitada al ver a la señora Santaolalla con un brazo en cabestrillo (parece que es postureo) y llorando desconsolada. La UGT de Madrid le ha dado el premio a la sororidad y un paquete de kleenex. El culebrón continuará… porque viven del cuento.

Mientras, en los USA andan desconcertados al comprobar que los ayatolas no se han rendido y además advierten que las hostilidades acabarán cuando ellos decidan. El presidente puede ordenar cómo y cuándo comienza una guerra. Pero no es único en decidir sobre su final. Sí sobre su retirada. Parece establecerse un consenso entre los analistas acerca de que Trump y sus asesores se equivocaron al calcular la respuesta iraní en un conflicto que el régimen teocrático considera una amenaza existencial. En declaraciones a Blomberg dos días antes de comenzar la guerra, el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, minimizaba el riesgo de un aumento repentino de los precios del petróleo: "Si recordamos la Guerra de los Doce Días (los bombardeos de junio del año pasado contra Irán), los precios subieron y luego volvieron a bajar. Es la prueba perfecta de la agenda de dominio energético de Trump, ya saben, el aumento de la producción en Estados Unidos".

Al interpretar las confrontaciones pasadas de forma que refuercen tus propias suposiciones actuales, puedes cometer el error de no contemplar con rigor que los ayatolas respondan con mucha más contundencia a cualquier ataque. En palabras de Danny Citrinowicz (analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel), "las consideraciones políticas pueden haber eclipsado las evaluaciones profesionales sobre viabilidad, dinámica de escalada y mecanismos de verificación".

¿No era predecible el bloqueo del estrecho de Ormuz por la Guardia Revolucionaria Islámica? ¿O los ataques contra los Estados del Golfo? ¿Se derroca un régimen dictatorial, que lleva en el poder 47 años, eliminando a sus líderes con bombardeos? La Administración americana, con un magnate zumbado a la cabeza, ha cometido el error de creer que el poder militar puede reemplazar la comprensión política, que la fuerza bruta puede sustituir a la estrategia. "Incluso en escenarios donde, como en Irak o Afganistán, teníamos cierto grado de planificación para el día después, terminó en tragedia", afirma Ali Vaez, experto en Irán del International Crisis Group en declaraciones a Time. "Esta vez se han basado en ilusiones".

Los errores de estos fantoches los pagamos todos. Y unos se enriquecen: "Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, por lo que, cuando suben los precios del petróleo, ganamos mucho dinero", escribe el presidente en su red social. Parece que el señor Abascal, líder omnímodo de Vox, tiene una magnifica relación con Trump. ¿Sería mucho pedirle que hable con él y compruebe si está tomando la medicación?

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