El tribunal del distrito de Oslo ha dado por concluido el juicio contra Marius Borg Høiby, el hijo mayor de la princesa heredera Mette-Marit.
Después de casi dos meses de sesiones marcadas por durísimos testimonios y una presión mediática sin precedentes, el caso ha quedado visto para sentencia que, con toda probabilidad, se conocerá el próximo mes de mayo. El joven de 29 años ha permanecido en prisión preventiva durante todo el proceso, después de declararse culpable de 24 de los 38 cargos que le imputan.
Antes de la conclusión del juicio, Marius tomó la palabra y se dirigió al juez entre lágrimas: "La presión mediática a la que he sido sometido me ha borrado como persona. Ya no soy Marius. Soy un monstruo". Asimismo, afirma que ha perdido su identidad y todo el mundo le ha señalado. Tal y como recoge el diario noruego VG, el hijo de Mette-Marit lamenta haberse convertido en "objeto del odio de toda Noruega" y asegura sentirse solo. "He perdido el 98 por ciento de mi red social y los pocos que me quedan no se atreven a salir a comer a un restaurante conmigo, ni quieren que los vean conmigo", comentó.

Además, incidió que este proceso le está dejando muchas secuelas, ya que los juicios le han provocado "bastante estrés" y ahora le están evaluando "para detectar un posible trastorno de estrés postraumático, además de ansiedad y depresión". Todo ello causado porque, según ha reconocido, está "obsesionado" con saber lo que se está contando sobre él, y que "ha leído todo" lo que se ha escrito sobre el caso: "Salir en el periódico todos los días, durante todo el año, te afecta como persona. Porque ya no sabes quién eres. No me reconozco en lo que escriben sobre mí".
Marius Borg tampoco ha dudado en señalar a la policía, afirmando que le han quitado sus teléfonos, donde se encontraron muchas pruebas como fotografías, vídeos y mensajes. "Mi privacidad ha sido completamente aniquilada. Ya nada de lo que tengo es privado. Toda mi vida es de dominio público". Además, les acusó de haberse "apoderado de sus redes sociales", algo que no le parece bien porque podría haber usado esta herramienta para comunicarse con sus contactos del extranjero.
Mientras tanto, el juez considera que hay "un alto riesgo de reincidencia" y por tanto Marius debe permanecer en prisión preventiva. Recordemos que le acusa de delitos muy graves, entre ellos cuatro cargos de violación (que durante el juicio ha negado tajantemente); violaciones, amenazas y malos tratos (basado en testimonios de varias exparejas, entre ellas la influencer Nora Haukland); delitos de drogas y conducción temeraria, de los que sí se ha declarado culpable; grabaciones sin consentimiento y quebrantamiento de condena, por violar órdenes de alejamiento incluso mientras el proceso estaba en marcha.
Una última jornada donde el fiscal Sturla Henriksbø ha sido implacable, argumentando que la posición de Marius dentro de la familia real (aunque no tenga título oficial) no debe otorgarle ningún privilegio, subrayando en sus conclusiones que las víctimas sufrieron un "patrón sistemático de abuso".

Por su parte, la defensa, liderada por el abogado Petar Sekulic, ha intentado humanizar a Marius, centrándose en sus problemas de salud mental y su lucha contra las adicciones. El letrado solicitó la absolución de los cargos de violación, alegando falta de pruebas concluyentes y pidiendo que se considere la "presión mediática desproporcionada" como un atenuante para los delitos menores.
Mientras, la Casa Real se mantiene en silencio y se sigue enfrentando a la crisis reputacional más grave a la que se ha enfrentado la monarquía noruega. Las últimas encuestas publicadas este mes de marzo de 2026 reflejan que la aceptación de la monarquía sitúa en torno al 60%, una cifra inusualmente baja en un país donde el respaldo solía rozar el 80%. Además, ha habido un auge del sentimiento republicano, ya que los que preferirían una república han aumentado 10 puntos, alcanzando ya el 27%. Un dato positivo para la democracia noruega, aunque agridulce para la Corona, es que el 72% de los encuestados valora positivamente que la justicia haya tratado a Marius como a cualquier otro ciudadano, sin privilegios por su entorno familiar.
La única figura que permanece con popularidad alta es la del rey Harald, con más de un 90% contra el 37% de Mette-Marit, diferenciando el respeto al monarca actual y sus dudas sobre la idoneidad de la próxima generación.

Hace 23 horas
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