Más derecha en Castilla y León

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El PP ganó este domingo con holgura las elecciones en Castilla y León, pero, al igual que sucedió en diciembre en Extremadura y el mes pasado en Aragón, dependerá de la ultraderecha para formar Gobierno. Alberto Núñez Feijóo apostó por una sucesión de cuatro comicios autonómicos en poco más de un semestre con el doble objetivo de beneficiarse de la debilidad socialista y mermar su dependencia de Vox. A la espera de lo que ocurra en Andalucía, puede exhibir tres claros triunfos, pero su estrategia le sigue dejando en manos de Santiago Abascal. La derecha moderada ha facilitado a un partido antisistema la llave de los Ejecutivos de tres comunidades que suman 4,8 millones de habitantes y una legitimación añadida en autonomías cuyos gobiernos abandonó ruidosamente en 2024 por puro tacticismo.

El popular Alfonso Fernández Mañueco —que, a diferencia de sus homólogos en Mérida y Zaragoza, no adelantó la convocatoria electoral—, gana dos diputados (pasa de 31 a 33), pero queda lejos de la mayoría absoluta. Tras casi 40 años al frente de Castilla y León, alcanzar el 35% del voto supone para el PP una muestra de resistencia al desgaste, pero también una responsabilidad añadida para resolver sin excusas los problemas de los ciudadanos, miles de los cuales no han visto a otro partido al frente de la Junta. Dentro del incontestable triunfo de la derecha (populares y ultras suman más del 54% de los sufragios), los primeros crecen más que su rival y exsocio de gobierno. Fue Mañueco el primer dirigente del PP que ayudó a Vox a poner en práctica sus políticas dándole entrada en su Ejecutivo en 2022. Dos años después, tras una gestión errática ejemplificada en su vicepresidente, Juan García-Gallardo, los ultras abandonaban sus consejerías por orden de Abascal.

Pese a quedar segundo, el PSOE puede considerar un éxito lo logrado este domingo (30 escaños) tras encadenar dos penosos resultados en las citas precedentes. En su subida (dos procuradores) ha jugado un papel destacado su cabeza de cartel, Carlos Martínez, alcalde de Soria desde 2007 y con cuatro mayorías absolutas seguidas. Tras las apuestas del PSOE primero por un político imputado (en Extremadura) y después por la exministra portavoz del Gobierno (en Aragón), supone un recordatorio a Ferraz de la importancia de construir liderazgos territoriales desde abajo y pegados al terreno. También el “no a la guerra” puede haber jugado a favor de la movilización del espectro progresista, que ha optado por aglutinar el voto en torno al PSOE y castigar, otra vez, la ruinosa división a su izquierda: ni Podemos ni Sumar logran entrar en las Cortes.

Aunque gana un diputado (saca 14), Vox queda lejos de su expectativa de superar el 20% de los votos. Partía de su techo más alto en unas autonómicas (17,6%), pero el resultado supone un freno a un crecimiento explosivo del que Santiago Abascal llevaba meses presumiendo para forzar al PP a aceptar su agenda extremista. Con los resultados de este domingo, Vox debe aclarar a todos los ciudadanos, incluidos sus votantes, si piensa seguir instalado en el simple desgaste por el interés de su presidente nacional.

Castellanos y leoneses no votaron este domingo para echar a Pedro Sánchez ni, al contrario, para detener la guerra de Irán o frenar la ola reaccionaria global. Lo que se medía en las urnas eran las posibles soluciones a sus problemas específicos: de la despoblación al envejecimiento, pasando por la sanidad, el paro, la vivienda o la tensión entre agricultura y transición ecológica. Esos son los retos para el Gobierno que pueda formar Mañueco, no la táctica de las cúpulas nacionales de los partidos.

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