
14/03/2026 13:51 Actualizado a 14/03/2026 14:22
Grosera, zafia y chabacana son adjetivos que se quedan cortos para calificar Torrente presidente. La sexta entrega de Torrente, a menos que en un futuro el expolicía profese los votos para postularse a papa o torture a un pariente de Yoda para coronarse como sumo maestro del Consejo Jedi, huele a cierre de la saga. Tal vez por eso Santiago Segura ha ido más lejos que nunca en la exhibición impúdica de todo lo que no debe hacer ni decir un adulto funcional para convivir en sociedad. Torrente es un Aleph de lo deleznable y parapeto para exorcizar demonios. Y la trama en torno a él un juego de la oca muy útil para dejar recados. Entre ellos, el que recibe Isabel Pantoja con su hijo, Kiko Rivera, como protagonista. Pedro Sánchez, Donald Trump, la universidad Rey Juan Carlos y Podemos también reciben. Hasta Alberto Núñez Feijóo, sin ser nombrado expresamente. Hay otros PP pero están en este: y es ella, la lideresa máxima, la que no está ni se la esperaba.

El pequeño Nicolás ejerce como experto en redes sociales y comunicación digital de NOX, remedo del partido ultraderechista que preside Santiago Abascal, y es presentado como un brillante “cerebrito” que ha estudiado en Nueva York, Oxford y Cambridge, si bien no terminó nada, pero sí cuenta con un máster en la Universidad rey Juan Carlos. Hasta un indocumentado como Torrente sonríe ante el chascarrillo. ¿Quién estudió en ella? Pablo Casado, expresidente del PP y que tras sus insinuaciones muy concretas contra el hermano de Isabel Díaz Ayuso, fue defenestrado. Por cierto que la legitimidad del máster que allí estudió sigue en entredicho. Cristina Cifuentes, también alumna de la institución educativa, fue procesada por hallar la juez irregularidades en un título homólogo y acabó renunciando a él culpando a la universidad.


La asesora de imagen de NOX (Susi Caramelo) es descrita por Torrente como “fea, muy fea. No parece de NOX sino de Podemos”. Y no es Pudimos (la transliteración cómica para la película) sino Podemos lo que dice el expolicía. Pero como el partido morado ya no juega papel alguno de influencia, la puya se queda ahí. Sumar es Restar y poco más a la izquierda de la izquierda del PSOE. Por el contrario, Pedro Vílchez, sosias del presidente del Gobierno, es un ser mezquino capaz de enviar a policías enmascarados para tirotear a cualquier posible rival con fusiles de asalto. La Policía en sus manos está sujeta a corrupción, le explica Amparito (Neus Asensi) a Torrente.

El único político real que aparece en la cinta es Mariano Rajoy, en videoconferencia para ofrecerle orientación a Torrente, que ya está convencido de ser el mejor candidato posible para ocupar la Moncloa, a quien aconseja “no mentir” y “ser honrado”. Esto podría interpretarse como un gol al propio Rajoy de no ser porque no hay chiste alguno sobre la caja B del PP o su nombre estampado en el libro de cuentas en puño y letra de su tesorero. El huevo de Pascua lo encontramos en la despedida que le hace Torrente: “Otros vendrán que bueno te harán”. Si Alberto Núñez Feijóo no es ducho leyendo entre líneas, aquí queda dicho.

Y por fin llegamos al momento Kiko Rivera: Torrente se presenta en la sala Shoko, donde pincha con DJ Nano, y se lo lleva de la cabina apuntándole con un táser. Sabe que él lo ha traicionado [no es spoiler si no decimos cómo, por qué y para qué] y se siente muy decepcionado pues lo quiso como a un hijo. Como a un hijo sin padre y cuya madre no le habla. La escena comienza tomar color rosa. A punto de dejarlo tieso, Kiko Rivera se deshace en lágrimas e implora su perdón confesándole que está ahogado en deudas y necesita dinero: “Eso díselo a tu puta madre”, responde airado un expolicía que en ese momento parece mejor ventrílocuo que José Luis Moreno.

Entre Paris Hilton y Umberto Eco. Licenciado en Derecho por la UB y en Periodismo por la UPF, colaboro con La Vanguardia desde 2016. Antes, en Vanity Fair, Grazia, Vanitatis, Corazón TVE, Qué Leer y Lecturas.

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