Por primera vez los intereses de Pedro Sánchez y Salvador Illa parecen no ir en la misma dirección. En apariencia, al menos. Para avalar los presupuestos catalanes, ERC exige un nuevo gesto del PSOE sobre la delegación de la competencia para recaudar el IRPF, pero el presidente del Gobierno rechaza algo así ahora para no enturbiar más sus perspectivas electorales. En medio de ese pulso, Catalunya corre el riesgo de caer en la parálisis absoluta después de más de una década de conflicto político en la que, queriendo crear un nuevo Estado, la Generalitat dejó de tomar decisiones estratégicas y se entregó a la inercia.
Illa recuerda en la entrevista que hoy publica La Vanguardia que él apoyó dos presupuestos del republicano Pere Aragonès, el último el aún vigente de 2023. Cuando el PSC y ERC pactaron la investidura de Illa acordaron verbalmente que habría presupuestos en pocos meses. Aunque se firmó sólo un compromiso de investidura, su alcance implica años de seguimiento para cumplirlo, así que tenía sentido permitir a Illa que aprobara las cuentas. Pero ERC, inmersa en un enfrentamiento interno entre partidarios de Oriol Junqueras y de Marta Rovira, solo aceptó desbloquear ampliaciones de crédito para garantizar la liquidez de la administración catalana.
ERC pretende repetir esa estrategia este año, pero Illa no puede permitírselo. El president llegará el próximo verano al ecuador de su mandato sin unos presupuestos de su puño y letra, lo que impide poner en marcha proyectos propios y compromete su promesa de mejora de los servicios públicos. Los socialistas tratan de convencer a ERC de la contradicción que supone defender un modelo de financiación que, de aprobarse, proporcionará 4.700 millones más para Catalunya y, en cambio, renegar de los casi 10.000 millones más que inyectarían los nuevos presupuestos. Pero Junqueras tiene ahora difícil echarse atrás en sus condiciones.
Para Illa, seguir sin las cuentas es una agonía, pero tampoco contempla perjudicar a Sánchez
ERC ha tratado de presionar a Illa reprochándole que quiera más al PSOE que a Catalunya, pero el president replica que su dilema no es entre Sánchez o presupuestos, ya que sin el actual Gobierno central no hay posibilidad alguna de convertir en realidad lo que reclaman los republicanos. Lo cierto es que Illa no hará nada que perjudique el horizonte electoral de Sánchez, que puede decidir que convoca a las urnas en cualquier momento. Y, para Illa, mantenerse hasta el final de la legislatura sin aprobar las cuentas es entrar en una lenta agonía. Si no hay presupuestos, el dilema para el president es más bien ir tirando o elecciones.

La praxis de los partidos independentistas sigue siendo la del ‘procés’: forzar pactos ‘in extremis’
La praxis del procés está fuertemente arraigada en los partidos independentistas, que se han aficionado a los pulsos al borde del precipicio y los acuerdos in extremis . ERC se ha empeñado en arrancar un avance en favor del traspaso de la recaudación del IRPF, pero en la Moncloa han dicho basta. Recuerdan que el Gobierno central ya se comprometió por escrito con la Generalitat a hacerlo posible y añaden que ya han cumplido con numerosas exigencias de ERC que están en marcha, desde la gestión de Rodalies, al modelo de financiación, la quita de la deuda o el consorcio de inversiones.
Junqueras fue a ver a Sánchez en busca de un paso más allá y le sorprendió la negativa. Por cierto, en la presidencia del Gobierno no sentó nada bien que no mantuviera la discreción acordada sobre esa reunión. Sánchez ya había recibido a Junqueras con fotógrafos en la escalinata de la Moncloa el 20 de febrero y previamente dejó que fuera él y no la ministra del ramo quien explicara el nuevo modelo de financiación para todas las comunidades. El PP ha utilizado la financiación en todas las elecciones autonómicas como arma contra el PSOE y se acercan las más críticas, en Andalucía, donde los socialistas corren el riesgo de quedar terceros.
Así que el PSC y ERC buscan la forma de salir del callejón en el que se han metido, ya que Illa ha tirado por la calle de en medio y ha presentado sus presupuestos. El día 20 se votará si se tramitan en el Parlament o decaen. Es probable que los dos partidos encuentren la forma de prorrogar la discusión en busca de una ventana más favorable en los próximos meses porque adelantar los comicios catalanes no les conviene a ninguna de las dos partes. Los sondeos apuntan a un bloqueo.
Si hubiera elecciones, el líder del PSC tendría mucho que perder, ya que una nueva investidura aún sería más complicada. Pero ERC tampoco saldría bien parada. Aunque mantengan o mejoren algo su resultado, la situación será la misma y Junqueras depende de la amnistía para poder presentarse a unas elecciones (está inhabilitado hasta 2031). Si ésta no se materializa por una nueva maniobra judicial, le queda la vía de un indulto que solo puede concederle el Gobierno de Sánchez.
Después de años de mayorías independentistas, la irrupción de Aliança Catalana en el escenario político catalán hace que ahora solo sea viable un gobierno de izquierda en la Generalitat. El PSC y ERC pueden asumirlo o no, pero es la única posibilidad. Junts no está en disposición de pactar con Illa, volcados en presentarse como alternativa (tanto independentista como ideológicamente a la derecha) y el resto de sumas resultan ideológicamente incompatibles o los números no alcanzan. Gabriel Rufián se ha desprendido de usos procesistas y pregona ahora la unidad de la izquierda desde Madrid, pero en su partido, en Catalunya, pesa más la competencia independentista.
Tanto el PSC como ERC son fuerzas que han gobernado y, por tanto, en un escenario de bloqueo, no atraen al voto cabreado. Los beneficiados serían Vox y Aliança Catalana. En política hay veces en que la estética del choque resulta más poderosa que la lógica del acuerdo.

Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán

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