La familia Pérez Fontana no tiene dónde colocarme en la sala de su casa en La Lisa, La Habana. Hace seis meses en este espacio había una mesa con cuatro sillas, un sillón y un pequeño banquito, todo de madera. Hoy no hay nada. La familia tuvo que romper con sus manos, primero el banquito, luego las sillas y por último la mesa, para poder comer. Convirtieron los muebles en la leña que le lanzaron al fuego que generaron con fósforos entre dos ladrillos en el patio.
Me piden perdón por no poder ofrecerme un mejor sitio. Pero si yo estoy dentro de la pantalla de un teléfono, les respondo, me da igual donde me coloquen. Yo soy el que debería pedirles perdón a ustedes por importunarlos esta noche, agrego, al querer presenciar desde Barcelona una tajada de la calamidad que están viviendo en la isla.
Para poder acompañarlos durante parte de esta noche de apagón, la familia Pérez Fontana aprovechó las cuatro horas que tuvieron de electricidad en el día de ayer para cargar el teléfono del padre, Yusnaby, 33 años. Luego lo apagaron para que no gastara su carga y lo guardaron en una gaveta hasta que llegó la hora prevista. La única fórmula para efectuar esta videollamada.
La madre, Yusimy, 31 años, le indica al hijo mayor, Danger, 8 años, que coloque el teléfono donde estoy en el único lugar disponible: una bóveda espiritual. Desde una mesita plástica vestida con un mantel blanco sobre el que hay una cruz de madera, varios vasos de cristal con agua -mi poca visión no me permite contar con exactitud cuántos y no pregunto el detalle-, unas flores blancas y dos velas prendidas, les digo que les repondré los datos de internet que gasten hablando conmigo.
En la noche es cuando más aprieta el hambre, la sed, el calor, cuando más se extraña una vida digna
Es lo menos que puedo hacer: los cubanos por ley están autorizados a recargar los datos de internet una vez al mes al precio de 360 pesos, unos 1.25 dólares, con ello adquieren 6 gygabites, una cifra que no les alcanza para llegar a la navegación promedio mensual que es de 10 gygabites, y la tarifa de la única empresa de telecomunicaciones del país, ETECSA, para una segunda recarga es 3,360 pesos, 7.55 dólares, un monto superior a la pensión de los jubilados, 2,075 pesos cubanos -4.65 dólares-, y que es más de la mitad del salario promedio, 6,506 pesos -14.6 dólares-.
Mirándome como si le hablara a los ancestros a los que la familia brinda devoción con la mesita, con una frase yoruba de afirmación, Ashé me agradece el gesto. Después camina hacia una ventana que da a la calle, se eleva en puntillas de pie y dice con congoja: “ya viene la noche”.
No solo Ashé, la mayoría de los cubanos le temen a la noche hoy. ¿Cómo no? Si desde hace años viven un infierno producto de la ineficiencia gubernamental que ha llevado a la economía a ser un destrozo que se ha agravado en la actualidad con la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y las presiones de Donald Trump que han dejado a un país al borde del colapso, sin electricidad, gas, medicamentos, alimentos, con problemas para bombear agua. En la noche es cuando más aprieta el hambre, la sed, el calor. Y cuando más se extraña una vida digna. ¿Cómo no atormentarse cuando todo se vuelve una manta negra que no te puedes sacar de encima?
Alumbrados por un quinqué, hoy la familia Pérez Fontana cena un huevo hervido y un pedazo de pan gracias a que al padre le quedaba medio litro de gasolina en la moto. Desde hace semanas el Estado solo permite comprar 20 litros por persona al mes en las gasolineras, así que pudo ir hasta Marianao, municipio colindante, donde compró un cartón de huevos a 5000 pesos, más del 75 % de su sueldo, y una barra de pan a 100 pesos.
Cenan un huevo hervido y un pedazo de pan gracias a que al padre le quedaba medio litro de gasolina
Sentados en el suelo sobre cojines, con ganas de tomar agua fría y con sus platos ya vacíos, la familia me explica su tradición: todos sus nombres vienen del inglés porque nacieron en Caimanera, donde está la base naval de Estados Unidos, y les gusta como suenan las palabras en otros idiomas. De ahí que Yusnaby venga de U.S Navy -la marina estadounidense-, Yusimy de you see me -me ves-, Danger la traducción de peligro y Dayessi una combinación de sí en tres lenguas, da en ruso, yes en inglés y si en español.
Más tarde juegan a las sombres. El padre y la madre giran el quinqué hacia sus manos y de ellas sale la sombra de las figuras, mariposas, dinosaurios, caballos, estrellas, que bailan en la pared. Los niños los imitan como los padres, cuando eran niños, imitaron a los suyos. Cuba es un déjà vu.

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