La Real espera que este lunes salgan al menos 100.000 personas a las calles de San Sebastián para celebrar la cuarta Copa del Rey, quizás la más inesperada por el rival (el semifinalista de Champions, el Atlético de Madrid) y por cómo empezó el curso: coqueteando con el descenso hasta la llegada a mitad de diciembre de Pellegrino Matarazzo. “Es un fenómeno”, dijo el presidente Aperribay, emocionado por la felicidad de los 30.000 hinchas desplazados a Sevilla. “Esto es solo el inicio”, dijo el técnico vasco, que ha clasificado al equipo para la Europa League y la Supercopa de España, y no renuncia a obtener el billete a la Champions en lo que queda de campeonato.
El partido sirvió de homenaje a Aitor Zabaleta, asesinado hace 28 años por un miembro del extinto grupo ultra Bastión 1903. Los aficionados desplegaron una pancarta gigante y el capitán Oyarzabal, pendiente de todos los detalles, colgó una camiseta con su nombre en la Copa del Rey.
“Aitor siempre está con nosotros y su recuerdo es una motivación para todos los realistas”, dijo el presidente del club donostiarra, Aperribay. Por su parte, desde el ayuntamiento, el alcalde, Jon Insausti, también manifestó que “representa los valores de respeto y pasión que todos los donostiarras defendemos”.
La fiesta es grande en la ciudad. Los jugadores recorrieron este domingo las zonas de Hondarribia, Errenteria, Pasaia y la propia San Sebastián. Pero será este lunes cuando se celebre la fiesta grande. “No sé cómo llegaremos al partido del miércoles, espero que nos lo aplacen”, recalcó el presidente.
Menos entusiasta se mostró el Atlético de Madrid, consciente de que con Diego Simeone ha jugado finales pero ha caído en la gran mayoría (es el técnico que más tandas de penaltis perdió con hasta tres). El Metropolitano reunió a 40.000 personas que siguieron el partido con sufrimiento. “Esto es el Atleti, rey”, le decía un espectador a unos niños mientras los penaltis eran inevitables. La afición ovacionó a Simeone antes de empezar, silbó el cambio de Lenglet por Marcos Llorente y enloqueció con el 2-2 de Julián Álvarez, pero cuando Pablo Marín selló de penalti el triunfo donostiarra desfiló desolada. A los dos minutos aquello estaba más vacío que un desierto.
“Hay que pasar página y pensar en la Champions”, dice la plantilla, con el temor de caer ante el Arsenal y despertarse del todo de un sueño de curso que, finalmente, podría no aportar ningún título descolgados de la Liga desde hace ya meses.

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