El nuevo juicio por la muerte de Maradona: ¿asesinato, negligencia o un desenlace inevitable?

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El parecido recuerda a la repetición televisada de las proezas de Diego Maradona, cuando el espectador esperaba entender la hazaña que había presenciado, ya sin el vértigo y la emoción que nublan el instante, el presente fugaz. Un juicio oral y público intenta desentrañar, desde el martes pasado, si Maradona, el ídolo del fútbol argentino, murió a causa del abandono y la desatención que le depararon los profesionales de la salud que debían cuidarlo aquel 25 de noviembre de 2020. El nuevo juicio parece una copia del proceso que había comenzado un año atrás, también en los tribunales de San Isidro, en las afueras de Buenos Aires. Los acusados y los acusadores, la víctima y el crimen son los mismos. Pero hasta allí llegan las similitudes. El guion de los involucrados es otro.

Cuando el primer juicio se suspendió, después de que se descubriera que el proceso estaba siendo filmado en secreto por una de las juezas para protagonizar una película, ya se habían desarrollado más de 20 audiencias y habían declarado más de 40 testigos. Aunque todo aquello fue anulado y hoy el juicio empieza desde cero, los abogados defensores ya conocen las cartas con que cuentan la fiscalía y las querellas para sostener una acusación de homicidio con dolo eventual. E intentan usarlas a su favor. O en contra de los demás acusados.

“Todos los imputados abandonaron a su suerte a Diego Armando Maradona [1960-2020], condenándolo a la muerte”, sostuvo el fiscal Patricio Ferrari, en la primera audiencia, el martes pasado. Para el funcionario encargado de la acusación pública, los cuatro médicos, dos enfermeros y un psicólogo que afrontan posibles penas de entre 8 y 25 años de prisión, actuaron como “una banda de improvisados” y, con “indiferencia criminal”, “no hicieron nada para evitar que Maradona muriera”. El abogado Fernando Burlando, representante de Dalma y Gianinna, dos de las hijas del exentrenador argentino, coincidió: “Diego Maradona fue asesinado”, dijo.

Simpatizantes de Diego Armando Maradona, se manifiestan afuera del tribunal de San Isidro, en Buenos Aires, el 14 de abril. Adan Gonzalez (EFE)

Hace cinco años y medio, en plena pandemia de covid-19, el excapitán de la selección argentina campeona en México 86 atravesaba un delicado estado de salud. Había sido sometido a una cirugía craneal por un hematoma subdural y se resolvió que su rehabilitación tuviera lugar en internación domiciliaria. Fue trasladado a una casa en un barrio privado de la localidad bonaerense de Tigre y allí encontró la muerte. La desencadenaron un paro cardíaco y un edema pulmonar, en un cuadro clínico que incluía enfermedad renal crónica, cirrosis, insuficiencia respiratoria y del corazón, deterioro neurológico y adicciones, entre otras dolencias. Para la fiscalía, en un criterio compartido por las querellas que representan a las hijas y la última pareja del Pelusa, la internación domiciliaria estuvo “desprovista de todo” lo necesario para atender al paciente.

Como principales responsables del desenlace, los fiscales señalan al neurocirujano Leopoldo Luque, al que consideran médico de cabecera del 10, a la psiquiatra Agustina Cosachov y al psicólogo Carlos Díaz. También acusan al enfermero Ricardo Almirón, encargado de controlar los signos vitales de Maradona junto a otra enfermera, Gisella Madrid, quien será juzgada en un proceso aparte. Los otros tres imputados son los médicos Pedro Di Spagna y Nancy Forlini y el enfermero Mariano Perroni, designados por las empresas de salud Swiss Medical y Medidom para supervisar y coordinar la atención de Maradona.

De acuerdo con la junta médica que analizó el caso, “Maradona comenzó a morir, al menos, 12 horas antes” del momento de su fallecimiento. “Presentaba signos inequívocos de periodo agónico prolongado”, detalla el informe que consta en el expediente, “por lo que concluimos que el paciente no fue debidamente controlado”. Sobre esa base, el fiscal Ferrari apuntó contra los siete profesionales de la salud: “A cualquiera de ellos que se le hubiese ocurrido trasladarlo a una clínica”, dijo, “le salvaba la vida”.

Los cambios

El cambio más notorio entre los protagonistas del primer y el segundo juicio está en el tribunal. Ya no figura la jueza Julieta Makintach, destituida por haber intentado filmar un documental sobre el proceso, sin el consentimiento de las partes y con ella misma como estrella. Los jueces a cargo del caso son, ahora, Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón.

Un cartel de Diego Maradona a las afueras del estadio La Bombonera, en Buenos Aires, el 14 de abril.Natacha Pisarenko (AP)

Otro cambio saliente radica en la defensa de Luque: el neurocirujano sumó como representante a Francisco Oneto, abogado del presidente Javier Milei y reconocido militante del Gobierno ultraderechista. Al menos en las dos audiencias realizadas, la incorporación supuso también un cambio en la estrategia defensiva. El jueves pasado, sorpresivamente, Luque anunció que deseaba declarar, por primera vez, ante el tribunal y trastocó los testimonios previstos.

“Soy inocente, lamento mucho su muerte”, dijo el médico y puso en duda las causas del fallecimiento de Maradona que constan en la causa. “Estoy completamente seguro que no existió la agonía”, aseguró y sugirió que el deceso se desencadenó en forma imprevista, debido a un infarto. Luego intentó desligarse del traslado y la atención domiciliaria de su paciente. “Yo no estaba a cargo de la internación”, insistió. A Luque lo complica haber sido quien firmó, junto con la psiquiatra Cosachov, la salida de Maradona de la clínica donde había sido operado. También, intercambios de mensajes incluidos en el expediente donde parece abogar por una internación domiciliaria pero no en casa de las hijas del 10, en aparente búsqueda de conservar su empleo y el de otros allegados.

El año transcurrido desde que conocen la acusación les permitió a todas las defensas profundizar sus objeciones al planteo de la fiscalía, cuestionar la imputación de homicidio como excesiva y sostener que los acusados cumplieron sus funciones, que no podrían haber hecho más. El abogado de Cosachov, Vadim Mischanchuk, adujo, por caso, que si los enfermeros son acusados de no haber revisado a Maradona y de no haber consignado correctamente en sus informes el estado del paciente, tal como describe la imputación, mal pueden ser señalados los médicos de haber actuado irregularmente, dado que habrían contado con datos erróneos. A su vez, los representantes de los enfermeros alegaron que ellos solo cumplían instrucciones de los médicos a cargo. El letrado Diego Olmedo, defensor de Díaz, dijo que al psicólogo “no se lo puede cargar con la muerte de Diego Maradona” solo porque lo trató por sus adicciones durante sus últimos 30 días de vida. Los abogados de Forlini, Di Spagna y Perroni argumentaron que los tres profesionales no tuvieron trato directo con el paciente.

El segundo juicio por la muerte de Diego Armando Maradona, en Buenos Aires.Adan Gonzalez (EFE)

El nuevo juicio recién comienza y continuará, los martes y los jueves, durante al menos tres meses. Se espera que más de 120 personas sean citadas como testigos.

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