Si le preguntamos a Arthur Fils (21) qué opina, cómo se ve a un mes vista, ahora que la silueta de Roland Garros se perfila en el horizonte y los franceses van necesitados de mitos, entonces el hombre, el nuevo campeón del RCTB, se tapa el rostro con las manos, dice que no con la cabeza y contesta:
–Déjeme disfrutar de esto, por favor. Por delante debo jugar en Madrid y en Roma, y tal vez en Hamburgo. Y todo eso me viene antes del Open de Francia, así que queda un mundo. ¿Cómo voy a ponerme a pensar en París ahora?
Y luego sonríe.
Pues Fils, cuando comparece ante la prensa, es amable y bastante dicharachero.
Sin embargo, el cronista intuye que la procesión irá por dentro porque el tenis francés, su parroquia, su academia, su historia y su aparato mediático empiezan a mover filas: hay que remontarse a 1983 para revivir el último título de un francés en un Grand Slam.
Hay que recuperar la memoria de Yannick Noah, campeón en aquel Roland Garros vintage, campeón en la ética y la estética en los tiempos de Borg, McEnroe, Lendl y Vilas, aquel Noah que es hoy un sesentón, músico, activista y pensador.
(En realidad, nada de lo que iba a venir después, tras Noah, le ha cuajado del todo a los franceses; ni Leconte, ni Gasquet, ni Tsonga, ni Monfils, ni el Tulasne que en 1985 se imponía en este mismo escenario, el RCTB...).
En el RCTB, el pensador es Andrey Rublev. Piensa y piensa este ruso sin bandera, pero se está quedando sin tiempo y no encuentra la salida. Carlos Alcaraz nos ha contado en alguna ocasión que la derecha de Rublev no tiene igual en el circuito:
–Sus golpes vienen fortísimos, muy rasos y con la parábola invertida. Me recuerdan a la derecha de Nadal –nos decía el talento murciano hace un par de años.
El tenis francés, huérfano de iconos, se rinde a Fils, primer campeón en Barcelona desde Thierry Tulasne
Así es la derecha de Rublev.
Y sin embargo, la derecha de Fils corre más.
¡Qué top spin, qué parábola, cómo se eleva la bola sobre la red y se tiende violentamente del otro lado!
Rublev no sabe cómo abordarla, esto es un trampantojo, y en un pispás ve cómo empieza a evaporarse el partido: encaja siete juegos en contra de un tirón, todos los que van desde el 0-2 hasta el 6-2 y 1-0, y Fils que no afloja.
Tampoco afloja el sol, y la parroquia se cubre la coronilla con la gorra y los ojos con gafas de sol, y Rublev se pregunta cuándo acabará este chaparrón.
Llueven derechazos desde el lado de Fils, este francés de pelo afro, piernas como columnas y tableta de chocolate que jamás se inmuta y maltrata a todos por igual: a Nakashima, a Musetti, a Jódar y ahora a Rublev, y nada tiene que ver con aquel Fils más bisoño, el del año pasado, que había inclinado la cabeza aquí mismo, en semifinales, ante Alcaraz.
Fils ya tiene recorrido en el circuito, hoy amanecerá como el 25.º del mundo, y sabe lo suficiente como para andar estableciendo comparaciones y por eso en la víspera, tras vencer a Jódar, nos contaba:
–Si debo hacer comparaciones, le diré que Jódar se mueve más en la línea de Sinner que en la de Alcaraz. Es largo, se mantiene al fondo de la pista, es muy físico y de largas extremidades. Alcaraz juega a otra cosa. Te interrumpe, acorta los intercambios cuando quiere, su abanico de recursos es infinito.
¿Y Rublev?
¡Qué maravillosos derechazos distinguen al francés, un tormento para Rublev, ruso sin bandera!
Rublev no sabe qué hacer.
Empieza a desencajarse.
Quien le observa intuye la contención de un volcán, parece a punto de estallar, a punto de arrojar la raqueta sobre la arcilla, a punto de maldecirse a sí mismo y maldecir a este francés que le mantiene al fondo de la pista, todo son bombas.
Nada de eso hace Rublev, mantiene la cordura y la paciencia, y así es como logra romper el servicio de Fils cuando el francés sirve para ganar, alarga un poquito más la contienda y el público lo agradece, aquí hemos venido a ver tenis y cuanto más dure, mucho mejor.
–¡Vamos! –sigue voceando Fils, que le devuelve el golpe y se coloca 0-40 en el último juego, tres pelotas de partido.
Fils ha maltratado a Rublev igual que en estos días maltrató a Nakashima, Musetti o Jódar, nuevo talento español
Los fotógrafos preparan las cámaras, esto se acaba y Rublev dice que ni hablar. Eleva el nivel del servicio, firma un ace y dos grandes primeros saques y vuelta a la casilla de salida: 5-5.
–¡Sííííí! –grita Rublev, volviendo la mirada hacia su box, donde le contempla su técnico, Fernando Vicente.
¡Todos vocean en español!
Se estira el chicle, nos vamos al tie break, y allí Fils no suelta a la presa. Es una bala cuando debe correr hacia adelante, alcanza una dejada de Rublev y se pone 5-2 y ya, de reojo, le echa un vistazo al soberbio trofeo que reposa a las espaldas del palco de autoridades. Otras cuatro bolas de partido, Rublev no puede más y lanza la pelota más allá de las gradas, ¡home run y se acabó!
C’est magnifique!

Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'

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