Fabricantes de alimentos y supermercados empiezan a asumir que no podrán seguir conteniendo los precios mucho más tiempo. Tras semanas amortiguando el impacto del encarecimiento energético, las empresas advierten de que el esfuerzo tiene límites y que, si persisten las tensiones actuales, el traslado a la cesta de la compra será inevitable.
La alerta se lanzó este martes en Barcelona, en la asamblea general de Aecoc, la patronal que agrupa a más de 35.000 compañías de la industria y la distribución. Su presidente, Ignacio González, aseguró que las compañías están tratando de evitar que los precios se trasladen al consumidor, con planes de eficiencia y restringiendo sus márgenes. Ahora bien, admitió que esta situación “no se podrá mantener durante mucho tiempo”.
El detonante es el mismo que ya ha empezado a tensionar a otros eslabones de la cadena alimentaria: el encarecimiento del combustible y las materias primas tras la guerra de Estados Unidos e Israel con Irán.
Después de varios meses de moderación, el IPC repuntó en marzo hasta el 3,4%, mientras que la inflación subyacente se mantiene en el 2,7%. En el caso de los alimentos, la subida es más contenida –también del 2,7% interanual–, lo que refleja que el sector está absorbiendo parte del impacto.
“Demuestra una vez más que nuestro sector en muchos casos retarda o contrae la inflación”, defendió González. Pero esa capacidad de absorción empieza a tensionarse, prosiguió. El mensaje conecta con el que ya trasladaban en los últimos días agricultores y fabricantes. En todo caso, la clave reside en la duración del conflicto. Si la guerra se prolonga, el actual equilibrio difícilmente se sostendrá.
Los empresarios defienden medidas para impulsar el gasto privado, como rebajar el IVA de los alimentos
El contexto económico tampoco ayuda. España cerró 2025 con un crecimiento del 2,8% y un dinamismo superior al de la media europea en el último trimestre, pero el escenario ha cambiado con rapidez. Las previsiones apuntan ahora a una desaceleración del crecimiento y a un repunte de la inflación, con estimaciones que sitúan el IPC medio de 2026 en torno al 3,6%.
A esta presión externa se suman señales internas de desgaste. El consumo empieza a mostrar signos de agotamiento y el comportamiento del consumidor se vuelve más prudente. “Las crisis empiezan y terminan cuando el consumidor piensa que empiezan y terminan”, apuntó González, en referencia a la fragilidad de la confianza.
De hecho, el sector teme una importante caída del gasto privado en los próximos meses si la crisis persiste. El 78,4% de las empresas del ramo consideran que los consumidores van a recortar sus compras y se quedarán más en casa para ahorrar, indica el informe La Voz del Gran Consumo , que recoge la opinión de más de 200 directivos de empresas de la industria y la distribución y que Aecoc dio a conocer esta mañana. Por ello, los empresarios consultados defienden que el Gobierno deflacte el IRPF o rebaje el IVA de los alimentos, de manera que los hogares dispongan de mayor capacidad de gasto.
De esta manera, el sector contiene la respiración para no entrar en una situación como la provocada por la guerra de Ucrania. El shock energético provocado por la invasión rusa en el 2022 disparó la inflación y, en concreto, el coste de la cesta de la compra. La distribución estuvo entonces en el punto de mira de la opinión pública, mientras que el Gobierno introdujo algunas medidas correctoras, como la citada bajada del IVA de determinados alimentos.
Fabricantes de alimentos y supermercados temen una caída del consumo por la guerra
Pese a todo, el sector mantiene cierto optimismo. La mayoría de las empresas mejoraron sus resultados en 2025 y han iniciado 2026 en positivo, aunque el 36% ha revisado a la baja sus previsiones y casi la mitad señala el aumento de costes como principal riesgo.
El gran consumo, que representa cerca de una cuarta parte del PIB y emplea a más de cuatro millones de personas, insiste en su papel como sector estratégico. Pero también recuerda su vulnerabilidad ante shocks externos como el actual.
A la subida del petróleo y el gas se une la de los fertilizantes, con lo que el campo ya sufre los efectos de la escalada bélica. De momento, el encarecimiento de los costes de producción agraria no ha pasado del primer eslabón de la cadena alimentaria. Las empresas siguen absorbiendo parte del golpe. La cuestión es cuánto tiempo podrán hacerlo, y todo hace prever que no será mucho.

Periodista. Ha desarrollado gran parte de su carrera en La Vanguardia, donde ha cubierto las áreas de Educación y Universidades, Política y, ahora, Economía. Licenciada en Ciencias de la Información y Postgrado en Estudios Culturales

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