El candidato prorruso se perfila como próximo primer ministro de Bulgaria

Hace 2 horas 1

El candidato prorruso, el expresidente Rumen Radev, se ha impuesto con claridad en las elecciones anticipadas de este domingo en Bulgaria, las octavas en cinco años, según los sondeos a pie de urna que se conocieron al cierre de los colegios electorales. Sin embargo, estos vaticinan que necesitará un socio para ser primer ministro y conformar un Gobierno estable para romper la dinámica reciente en este país de 6,5 millones de habitantes que tiene el euro como moneda de curso legal desde enero pasado.

La coalición de izquierdas Bulgaria Progresista, encabezada por Radev, de 62 años y excomandante de las Fuerzas Aéreas, obtiene alrededor del 37% de los votos, por delante de la formación conservadora Ciudadanos por el Desarrollo Europeo (GERB), que lidera Boiko Borisov, tres veces primer ministro desde 2009, que ronda el 16%, siempre según los sondeos a pie de urna. La participación ha sido particularmente alta, mucho mayor que en anteriores citas.

Radev, a quien se intuyen ciertas similitudes al recién caído primer ministro húngaro Viktor Orbán en su retórica prorrusa, podría ahora negociar un acuerdo con la alianza proeuropea Continuemos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB). Aunque sus posturas coinciden en la lucha contra la corrupción y oligarquía, hay importantes divergencias en política exterior, como el respaldo a Ucrania contra la invasión de Rusia.

El antiguo jefe de Estado llegó a sugerir que Bulgaria podría jugar un rol en el relanzamiento de las relaciones con el Kremlin, invocando su identidad eslava y la religión ortodoxa. Algo que, tras la euforia por desembarazarse de Orbán, se teme en la capital comunitaria.

El antiguo jefe de Estado condenó las sanciones de Bruselas contra Rusia, argumenta que la ayuda militar a Kiev prolonga el conflicto y en 2023 ya entró a una tensa confrontación directa con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, durante un encuentro celebrado en Sofía. En los últimos tiempos, además, ha denunciado un acuerdo de seguridad a una década firmado entre Bulgaria y Ucrania.

En cuarto lugar en los comicios queda el partido de la minoría turca Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS-Nuevo Comienzo), dirigido por el polémico Delyan Peevski, un poderoso oligarca sancionado por corrupción por Estados Unidos y Reino Unido. Y rozando el umbral para entrar el Parlamento se sitúa el Partido Socialista de Bulgaria.

Tras ejercer su derecho a voto, Radev centró su mensaje en la lucha contra la corrupción endémica que condena a uno de los países más pobres de la UE, recién incorporado a la eurozona. Declaró que Bulgaria tiene una “oportunidad histórica” de romper de una vez por todas con lo que tachó como el “modelo oligárquico Peevski-Borissov”, en referencia a las que son, probablemente, las figuras políticas más prominentes del país en los últimos años.

Por su parte, el ex primer ministro Kiril Petkov, de Continuemos el Cambio, destacó la importancia de la responsabilidad cívica. Y Bozhidar Bozhanov, colíder de Bulgaria Democrática (de centroderecha), votó pidiendo el desmantelamiento de lo que describió como un “Estado capturado” y una Bulgaria más fuerte en una Europa fuerte.

Voto joven

Para muchos jóvenes de la generación Z ―los nacidos entre 1997 y 2012―, el escrutinio debe empujar a reformular el panorama político después de una concatenación de elecciones que generaron desesperanza. En cambio, las expectativas de esta generación pueden verse truncadas por la ambición de Radev, conocido por su oposición a la adopción del euro y su negativa a ayudar militarmente a Ucrania en su resistencia frente a Rusia.

“Corremos el riesgo de deslizarnos hacia la órbita de los actores iliberales”, señala a EL PAÍS Alex Petkoff, asistente de Asuntos Comerciales del British Council. “En el cambiante paisaje geopolítico ocasionado por la caída de Viktor Orbán, la inestabilidad interna y el posicionamiento estratégico de Bulgaria la convierten en un posible sustituto del Kremlin”, sostiene este joven de 23 años que participó activamente en las protestas de diciembre del año pasado.

Petkoff, que está terminando un máster sobre seguridad y defensa, cree que la reiterada incapacidad para formar un Ejecutivo viable ha profundizado la fatiga institucional, lo que a su vez ha permitido “la aceptación de narrativas y actores totalitarios y antiinstitucionalistas”. “Estas elecciones no van solo para formar un Gobierno, sino una prueba de la resiliencia democrática de Bulgaria, su resistencia a la ‘malévola’ influencia extranjera y la manera de alejarse de la corrupción”, asevera.

Las últimas semanas han sido muy intensas para Alex Tanev. Entre encuentros con electores, debates políticos y una fuerte presencia en las redes sociales, este joven de 22 años ha desempeñado este domingo la labor de observador en uno de “los colegios electorales más arriesgados de la región de Pazardzhik”, en el centro del país.

A finales del pasado año, Tanev se encontraba entre los miles de jóvenes que se manifestaron en las calles para protestar contra el borrador de unos Presupuestos que percibían como un nuevo impulso a la corrupción endémica. Esas protestas provocaron la dimisión del Gobierno. “Ahora veremos si podemos lograr un cambio político real o si los esfuerzos que culminaron en las mayores protestas desde la década de los noventa serán en vano”, subraya este estudiante de Derecho. Desconfía de Radev como primer ministro, aunque antes espera acabar con el “régimen oligárquico”: “Espero que el principal enemigo de las protestas, Peevsky y Borisov, sea eliminado en estas elecciones”, zanja.

La campaña electoral ha estado marcada por acusaciones recíprocas entre los partidos sobre posibles fraudes, cientos de arrestos e investigaciones relacionadas con la compra de votos. Al tiempo, las organizaciones independientes han señalado un aumento de la desinformación con contenido prorruso.

“Las redes sociales se han convertido en uno de los principales campos de batalla. Ha habido mucha desinformación de cuentas prorrusas que han buscado erosionar la confianza en las instituciones y amplificar el sentimiento antieuropeo, a menudo explotando las frustraciones sociales y económicas existentes”, explica Petkoff, que ve a los votantes de la generación Z particularmente “expuestos a contenidos espoleados por algoritmos, donde la manipulación suele ser sutil y persistente”.

Leer el artículo completo