La OEI advierte de una crisis de la democracia latinoamericana sin precedentes en los últimos 50 años

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El caos internacional se agudizó en Latinoamérica tres días después de darle la bienvenida a 2026. Tras la intervención de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, comenzaron las amenazas de Donald Trump con tomar el control del Cuba —que un par de meses después está sumida en una crisis total—, y la intimidación con aranceles a México, Brasil y Colombia, tres grandes países de la región con gobiernos progresistas. En este tenso escenario (también mundial), es que la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ha impulsado la revista Iberoamérica en Democracia, que reúne a pensadores del continente para reflexionar sobre los principales desafíos. La mañana de este jueves, en el lanzamiento de su segundo número Democracia bajo tensión: acción, negación y desencanto, el secretario general de la institución, Mariano Jabonero, ha sido tajante: “No recordamos una situación parecida, lo digo claramente, de crispación, de enfrentamiento, de ruptura, de cambios políticos, algunos de ellos muy drásticos”.

Jabonero ha iniciado su intervención analizando las grandes tensiones que han producido el remezón al sistema democrático latinoamericano: la crisis migratoria, la realidad económica con un 50% de empleo informal y una baja productividad estancada hace 20 años, y los problemas de seguridad, con una tasa de asesinatos que se sitúa por encima de 20 personas por cada 100.000 habitantes. “Prefiero ser alarmista a ser cínico”, ha dicho antes de terminar sus palabras, que no han sido esperanzadoras. Para reforzar su tesis, ha destacado dos datos que ilustran el problema: cerca del 80% de los ciudadanos no viven en democracias completas, mientras hay más de 50 guerras alrededor del mundo.

Ramón Jáuregui, exeurodiputado y director de Iberoamérica en Democracia, se refirió a las “tres P” que están socavando la democracia: polarización, posverdad y populismo. Esto, ha dicho Jáuregui, tiene sus causas en la dificultad que han tenido los gobiernos latinoamericanos para asentar una democracia tras las crisis políticas y las dictaduras del siglo XX; las desigualdades de las que son víctimas sus ciudadanos; los Estados débiles incapaces de responder a las demandas de servicios públicos esenciales; la violencia e inseguridad que se vive en las calles (“que no se va a resolver explotando lanchas en el Caribe”, ha subrayado Jauregui); y la corrupción que atraviesa las instituciones, parte de lo que cataloga como una idiosincrasia latinoamericana.

La OEI ante los desafíos de Latinoamérica

“Soy de los que piensa que Europa no ha descubierto las enormes potencialidades de una alianza con América Latina”, ha dicho Jáuregui. El exeurodiputado está cansado de explicar que “no hay un amigo más fiel para la defensa de valores comunes, de orden internacional, de valores democráticos, de derechos humanos, que América Latina”. Además, ha insistido, hay una importancia geoeconómica en cuanto a las dos principales transiciones de este siglo, la económica y la digital, donde Europa necesita a Latinoamérica. Es en este punto, ha dicho, que cobra importancia la entrada en vigor del acuerdo de Mercosur.

Además de lo económico, en sus exposiciones han reconocido el fracaso en Europa para dar solución al flujo migratorio latinoamericano. Si hubiera éxito, ha explicado Jáuregui, muchas mujeres tendrían la posibilidad de una inserción laboral y social, en vez de ser explotadas sexualmente, por ejemplo. El exeurodiputado ha asegurado que el continente ha desaprovechado una oportunidad ante la expulsión de los inmigrantes latinos de Estados Unidos, atados de pies y manos por orden de Trump. “La respuesta europea fue no. Nadie quiere saber nada en Europa de políticas migratorias”“la respuesta europea fue no. Nadie quiere saber nada en Europa de políticas migratorias”, ha lamentado.

En el encuentro se les ha preguntado sobre la respuesta como bloque iberoamericano ante el diagnóstico de la crisis democrática y la injerencia de Estados Unidos. Jabonero ha respondido que no existe un actor que asuma el liderazgo en la región, sino que es una región “muy coral”. De cara a la próxima Cumbre Iberoamericana el próximo 4 de noviembre en Madrid, el secretario general ha asegurado que es una prioridad para la organización que el encuentro sea un éxito. Lo importante, ha dicho, es superar retóricas y dar propuestas concretas en temas en común, como por ejemplo, los desastres medioambientales donde Latinoamérica tiene una mayor experiencia, o encontrar un consenso en temáticas donde no lo hay, como la crisis medioambiental o la igualdad de género.

Pero la relación y controversia entre España y América también tiene sus roces. El pasado lunes en una visita a la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, el Rey reconoció los excesos y controversias éticas en la Conquista de América. A Jáuregui le ha parecido que es una mirada “muy equilibrada al pasado y muy inteligente sobre el futuro”, porque tiene la reivindicación histórica de un país y una Corona que buscaron convertir la conquista en un encuentro, pero también es un reconocimiento de los “muchísimos aspectos en los que los colonizadores abusaron”. Es una “piedra en el camino del futuro”, ha dicho, para recuperar la relación entre España y México. Este punto lo ha compartido el secretario general, quien más que verlo como un perdón, lo relaciona con un tema “protocolar y de relaciones internacionales”.

Los amenazados y los abanderados de Trump

En medio de las amenazas estadounidenses a Cuba y el respaldo al Gobierno de Delcy Rodríguez en Venezuela, 12 mandatarios latinoamericanos viajaron la primera semana de marzo a reunirse con Donald Trump en Florida. “Yo pienso que la democracia iberoamericana está seriamente afectada por lo que llamaríamos la sumisión a la que está sometiendo Trump con la Doctrina Monroe”, ha dicho Jáuregui; una influencia “más grave que nunca, más grosera que nunca, más cruel que nunca”.

Sobran los ejemplos, como la revisión del Tribunal Supremo de Panamá de la concesión a una empresa china en el canal de Panamá, o la polémica que se desató en los últimos días del Gobierno de Gabriel Boric por el cable submarino de fibra óptica que uniría Hong Kong con Valparaíso. “[En América Latina] ¿Son soberanos los pueblos para elegir a sus mandatarios?“, ha preguntado Jáuregui, ”porque Trump los está eligiendo previamente, está ayudando al presidente argentino o ha decidido quién es el presidente de Honduras a través de castigos y premios". Un pueblo condicionado por decisiones ajenas, ha explicado, no es soberano. “Latinoamérica tiene que ser consciente de esa dedocracia que se está instalando y tiene que reivindicar su libertad”.

La lectura de Jabonero es que el intervencionismo de Estados Unidos generará consecuencias políticas y que ya “hay síntomas” de un cambio en la opinión pública de cara a las elecciones de mitad de mandato, “si es que se llegan a producir”, ha advertido. En medio de tanto caos y desesperanza, el secretario general ha destacado que “América Latina es la única región, de momento, que no tiene ningún conflicto armado entre países”, aunque ha advertido de los últimos desencuentros entre Ecuador y Colombia, cuando Gustavo Petro acusó al Estado vecino de bombardear la zona fronteriza entre ambos países.

Jáuregui ha abogado por una Europa con un papel más protagónico en las transiciones políticas, especialmente en Venezuela y Cuba: “Yo creo que una Europa más activa, si nos dejaran, defendería mejor los valores que los pueblos venezolano y cubano quieren recuperar, que son democracia y prosperidad”. Pero el “dictómetro de dedo” de Trump, ha lamentado, complica que Europa asuma ese rol.

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