El Gobierno de Estados Unidos ha puesto un ultimátum para que Cuba libere al artista Luis Manuel Otero Alcántara y al rapero cubano Maykel Osorbo, quienes permanecen desde hace cinco años en cárceles de la isla. En una reunión secreta el pasado 10 de abril en La Habana, como parte de las negociaciones que ambos gobiernos han confirmado pero de las que aún se conoce oficialmente muy poco, funcionarios del Departamento de Estado ofrecieron a las autoridades cubanas el plazo de dos semanas para la excarcelación de los artistas de alto perfil “como gesto de buena fe”, así como la liberación del resto de los más de mil presos políticos que el régimen mantiene entre rejas.
En el comunicado, al que tuvo acceso el medio estadounidense USA Today, un portavoz del Departamento de Estado insistió en que el presidente Donald Trump “mantiene su compromiso con la liberación de todos los presos políticos”, además de la generación del cambio que Trump recientemente llamó un “nuevo amanecer para Cuba”. Aunque hace unos meses la administración republicana hablaba de reformas económicas más que políticas en la isla, el discurso que llega desde Washington ha dado un giro en las últimas semanas, en que descartan una negociación sin que el gobierno de Miguel Díaz-Canel también ceda en el plano político. “El gobierno cubano dispone de una pequeña ventana de oportunidad para llegar a un acuerdo”, sostuvo la fuente.
Osorbo y Alcántara, dos de los presos políticos más reconocidos de la isla, que encabezaron la simbólica huelga de hambre en la sede del Movimiento San Isidro en 2020, fueron detenidos un año después tras llevar tiempo en la mira del régimen. El primero fue sacado por la policía política cubana de su casa en La Habana Vieja, sin ropa y descalzo, cuando estaba almorzando. El segundo fue detenido el 11 de julio de 2021, cuando salía de su casa para sumarse a las manifestaciones que tuvieron lugar en toda Cuba ese día, dejando un saldo de miles de ciudadanos convertidos en presos políticos hasta hoy. Osorbo fue condenado a nueve años de privación de libertad. Otero a cinco, por lo que su condena estaría llegando formalmente a su fin en tres meses.
A inicios del mes de abril, La Habana anunció el indulto de 2.010 presos, uno de los mayores que ha hecho en el marco de negociaciones con los Estados Unidos. Un mes antes, el Gobierno cubano había informado de la excarcelación de 52 reclusos. No obstante, en ninguno de los dos momentos ha reconocido que se trate de un pacto en medio de los diálogos con Washington, sino que lo reconoce como “una práctica habitual en nuestro sistema de justicia penal y de la trayectoria humanitaria de la Revolución”, y como parte de las celebraciones religiosas de la Semana Santa. Entre los excarcelados, las organizaciones independientes de derechos humanos han detectado muy pocas liberaciones de presos de conciencia.
La reunión de mediados de abril entre las autoridades de Cuba y Estados Unidos en La Habana es la primera donde una delegación estadounidense viaja a la isla, desde el contexto del restablecimiento de relaciones diplomáticas con el ex presidente demócrata Barack Obama hace diez años. El medio Axios informó que en el encuentro —en el que participó el nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo— los funcionarios estadounidenses hicieron saber una vez más a las autoridades castristas que “la economía cubana está en caída libre y que las élites gobernantes de la isla tienen una pequeña ventana de oportunidad para implementar reformas clave respaldadas por Estados Unidos antes de que las circunstancias empeoren irreversiblemente”, según dijo un funcionario al citado medio.
Entre otras cosas, en la reunión se abordó la propuesta de parte de Estados Unidos de colaborar con la conectividad a internet mediante la instalación de servicios satelitales Starlink, y sobre la posibilidad de ir desmantelando el embargo económico hacia la isla que lleva más de seis décadas. En ese caso, sería preciso indemnizar a las personas y empresas estadounidenses cuyos bienes y propiedades fueron confiscados tras el triunfo de la Revolución de 1959. También se habló de la necesidad de garantizar “mayores libertades políticas, que eventualmente incluirían elecciones libres y justas”, según Axios.
“El presidente Trump está comprometido a buscar una solución diplomática, si es posible, pero no permitirá que la isla se convierta en una grave amenaza para la seguridad nacional si los líderes cubanos no están dispuestos o no son capaces de actuar”, dijo el funcionario.
Aunque hasta ahora una nebulosa rodea las conversaciones diplomáticas de ambos gobiernos —que se desmienten o se contradicen constantemente con retóricas de soberanía, del lado cubano, o de constantes amenazas, del lado estadounidense—, lo cierto es que hay un reconocimiento oficial de las negociaciones que se llevan a cabo tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, cuando Trump comenzó a insinuar que Cuba sería su próximo destino. Desde entonces, han habido momentos de silencio o de ataques más o menos directos. USA Today informó el 15 de abril que el Pentágono preparaba de manera discreta una intervención militar, en caso de que Trump diera la orden de intervenir el país a 90 millas de Florida.
Luego Trump fue preguntado en el Air Force One por los periodistas sobre si tenía entre manos la idea de un ataque militar a Cuba. “Bueno, depende de cuál sea su definición de acción militar”, respondió, acostumbrado a decir sin ser preciso, o dejar ventanas abiertas a las dudas. Todos estos meses, se había limitado a decir una y otra vez que Cuba era “una nación fallida”, ahora con la soga al cuello sin la ayuda de combustible que llegaba del exterior, con el cerco que decretó el pasado 29 de enero.

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