De la noche a la mañana se convirtió en una de las adolescentes más famosas del planeta en los años noventa. Ella era Kelly Taylor, una guapa, rubia y rica chica de Beverly Hills, protagonista de la serie Sensación de vivir. Ahora, la actriz Jennie Garth, de 54 años, abre su corazón en sus memorias, que han salido a la venta esta semana.
En el libro, titulado I Choose Me: Chasing Joy, Finding Purpose, and Embracing Reinvention (Me elijo a mí: en busca de la alegría, el propósito y la reinvención), decide desmontar la imagen que durante décadas proyectó como la “rubia perfecta” y repasa su vida más íntima, desde sus relaciones, sus pérdidas, sus errores y el largo camino que la llevó a priorizarse a sí misma.

El fenómeno Sensación de vivir (Beverly Hills, 90210 en su versión original) fue inmediato y abrumador. La serie se emitió en nuestro país de 1990 hasta el 2000. Durante diez temporadas narró la vida de un grupo de amigos desde el instituto hasta la edad adulta. Para una joven Garth, que entonces rondaba la veintena, el éxito le sobrevino de una manera que no esperaba y para el que no estaba preparada. “Fue como estar en los Beatles. No había ninguna preparación para eso. Fue aterrador y desconocido para todos nosotros, y fue como hundirnos o nadar, sobrevivir y resolverlo sobre la marcha”, recuerda.
En un entorno donde la imagen lo era todo, Garth admite que se volvió extremadamente crítica consigo misma: restringía calorías y se sometió a una cirugía estética de aumento de pecho
Esa fama repentina no solo transformó su carrera, sino también su forma de relacionarse con el mundo. La actriz describe cómo comenzó a encerrarse en sí misma hasta el punto de aislarse de todo: “Realmente hice un buen trabajo, hasta el punto de caminar sin hacer contacto visual con la gente, sin querer que nadie supiera nada de mi vida. Eso me llevó a una existencia muy aislada”.
La fama y la presión externa se combinó con una exigencia interna feroz. En un entorno donde la imagen lo era todo, Garth admite que se volvió extremadamente crítica consigo misma: restringía calorías y se sometió a una cirugía estética de aumento de pecho. “Fui muy dura conmigo misma”, reconoce.

Uno de los aspectos más reveladores de sus memorias es cómo la línea entre su personaje, Kelly Taylor, y su propia identidad se volvió difusa. El título del libro nace de una escena clave de la serie, en 1995, en la que Kelly decide no elegir entre dos hombres -los personajes Luke Perry (Dylan) y Jason Priestley (Brandon)- y afirma: “Yo me elijo a mí” y optó por estar sola. “A esa edad, no lo entendía del todo”, admite Garth. Pero con el tiempo, esa frase cobró sentido: “La frase volvió a mí y empezó a resonar de verdad. Aunque me llevó tiempo, finalmente estoy en un lugar en el que me siento cómoda, eligiéndome a mí misma”.
Esa confusión emocional también se trasladó a sus relaciones fuera de cámara. Sobre Luke Perry, que falleció en el 2019 a los 52 años de un derrame cerebral, confiesa: “Creo que Luke fue mi primer amor verdadero… Me resultaba difícil diferenciar entre los sentimientos de Kelly y los míos”. En su libro, escribe sobre sus besos prolongados y sus caricias cariñosas: “Cuando Kelly se enamoraba de Dylan, yo me enamoraba de Luke. Había muchas conversaciones y momentos íntimos entre estos dos personajes, y creo que me dejé llevar y me permití pensar que era real. Teníamos una relación muy especial”, confiesa. Sin embargo, con el paso del tiempo, la realidad se impuso: “Y eso fue solo un sueño tonto. Pero mi yo adolescente realmente lo creyó”, indicó la actriz.
“Cuando Kelly se enamoraba de Dylan, yo me enamoraba de Luke. Había muchas conversaciones y momentos íntimos entre estos dos personajes, y creo que me dejé llevar y me permití pensar que era real. Teníamos una relación muy especial”
En contraste, su vínculo con Jason Priestley fue muy distinto: “Nunca nos besamos fuera de cámara… Éramos como hermanos. La pasión era exclusiva de Brandon y Kelly”. A pesar de que muchas veces se insinuó que vivieron un fugaz y apasionado romance mientras rodaban la serie, la actriz asegura que su relación con Priestly fue “estrictamente profesional”.
Otro de los capítulos más comentados del libro aborda su relación con Shannen Doherty, Brenda Walsh en la serie, y que falleció en el 2024 a los 54 años víctima del cáncer. Durante años, los rumores de rivalidad circularon sin descanso, y Garth confirma que tenían una base real. “Creo que las dos estábamos en la misma situación, realmente en el centro de atención, y nuestros personajes fueron escritos para ser rivales”. Pero también señala el papel clave de la industria y los medios en amplificar ese conflicto: “Eso se reflejó en los medios… y fue confuso para nosotras”.
La actriz recuerda una anécdota que ilustra bien ese clima: “Vi una revista que decía: ‘Jennie Garth, una vida estupenda…’, y al dar vuelta la página decía: ‘Únete al club de fans de ‘Odio a Brenda’. Y entonces me di cuenta de que no éramos solo nosotras. Esta energía nos llegaba de todas partes y nos enfrentaba”. Con el tiempo, su mirada cambió: “Me di cuenta de lo terrible que fue… Nadie nos guiaba. Nadie recibía terapia entonces”. Y añade una reflexión más amplia: “A veces las mujeres fuertes chocan, sobre todo cuando son jóvenes y no tienen mucha educación sobre la amistad y su importancia”.
Garth llegó a entender con el tiempo que ella y Doherty eran más parecidas de lo que creían. “Ella era Aries, yo soy Aries. Ella estaba muy unida a su familia y muy pendiente de los problemas de salud de su padre. Yo también estaba pasando por lo mismo al mismo tiempo, y había muchas cosas sucediendo, cosas de adultos que nos afectaban a ambas, pero la atención de los medios puso la rivalidad en primer plano, más que la amistad y la admiración que realmente sentíamos la una por la otra”, indicó.

En su vida más íntima todo se rompió en el 2012. Tenía 40 años y tras 11 de matrimonio y tres hijas en común, se divorció de Peter Facinelli. “Pasé una buena cantidad de años herida, triste, simplemente atormentada por eso, y se filtró en todos los aspectos de mi vida”. Ese dolor no fue solo emocional, también tuvo consecuencias físicas y psicológicas profundas. En uno de los episodios más duros que relata, mezclaba alcohol y pastillas hasta el punto que necesitó un lavado de estómago. Ese momento la llevó a ingresar en un centro de rehabilitación para dejar de automedicarse. “Noté que mi luz se apagaba realmente. No irradiaba una buena energía. Podía verlo en el espejo. Podía ver el impacto negativo que ese tipo de duelo e ira estaba teniendo en mí”.
En ese punto, Garth tocó fondo. Y ahí empezó su resurgimiento: “Hubo un cambio extraño… ‘No quiero cargar con esto más. Está impactando mis relaciones y cómo me siento conmigo misma. Tengo que dejarlo ir. Tengo que perdonarlo’”. Hoy, Garth y Facinelli mantienen una relación cordial como copadres de sus tres hijas, Luca, de 27 años, Lola, de 23, y Fiona, de 19.
Tres años después de su divorcio, Garth volvió a apostar por el amor con Dave Abrams. Sin embargo, la relación también enfrentó momentos críticos. El deseo de tener un hijo juntos la llevó a someterse a tratamientos de fertilización in vitro que no tuvieron éxito y derivaron en varios abortos espontáneos. “Realmente quería darle a Dave un bebé porque era joven y todos sus amigos estaban teniendo hijos… pensé que eso era lo que necesitaba”. Pero esa decisión escondía un patrón más profundo: “Todo se reducía a complacer a los demás”.
La crisis alcanzó su punto más insólito cuando se enteró de que su marido había iniciado los trámites de divorcio… leyendo una noticia. La separación duró cerca de un año, pero en el 2019 decidieron reconciliarse. Desde entonces, la actriz asegura que su relación se ha fortalecido, basada en una mejor comunicación. “Cuando realmente llegas al fondo de qué quieres para tu vida, es cuando todo parece volverse más fácil”.
En la actualidad, la vida de Garth está marcada por un nuevo reto: el cuidado de su madre, Carolyn Garth, quien se ha mudado a su casa tras ser diagnosticada con deterioro cognitivo. “Mimi, mi mamá… se mudó a nuestra casa. Tiene 83 años y sufre algunos desafíos cognitivos”. Sus tres hijas la acompañan en este nuevo capítulo de su vida. “Es aterrador y revelador y maravilloso y profundamente entristecedor”. Pero como ella le ha contado a su hijas: “Mi madre no tiene otra opción, así que la acogimos como familia… queremos hacer que su vida sea tan hermosa como ella hizo la nuestra”.

Periodista. Trabaja en La Vanguardia desde 1996. Actualmente es redactora en la sección de Gente, donde escribe sobre asuntos del corazón; anteriormente en Vivir (1996-2006), el suplemento ES (2006-2010) y Opinión (2010-2018)

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