El cerebro "terrestre" de los astronautas: la ciencia descubre por qué nos cuesta tanto soltar objetos en el espacio

Hace 3 horas 1

Un equipo internacional de científicos ha logrado descifrar uno de los rompecabezas neurológicos más fascinantes de la carrera espacial: cómo se adapta el cerebro humano al pasar de la gravedad terrestre al vacío del espacio. Según un estudio publicado en la revista Jneurosci, nuestro sistema nervioso mantiene una "huella de gravedad" que nos obliga a sobreactuar incluso cuando flotamos en el cosmos.

El instinto de agarre en gravedad cero

La investigación, liderada por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y la fundación Ikerbasque (España), revela que los astronautas no logran desconectar de inmediato sus instintos terrestres. En la Tierra, apretamos los objetos con una fuerza específica para evitar que caigan. En el espacio, aunque los objetos no caen al soltarlos, la inercia entra en juego al moverlos.

El estudio demuestra que los astronautas aplican una fuerza de agarre excesiva al manipular herramientas u objetos en órbita. Este fenómeno ocurre porque el cerebro sigue anticipando una atracción gravitatoria que ya no existe, ejecutando una sobrecompensación para evitar accidentes que solo ocurrirían en la superficie terrestre.

Un proceso de aprendizaje de ida y vuelta

La capacidad de adaptación del cerebro humano es notable, pero no inmediata. Los astronautas tardan semanas en ajustar la presión de sus manos a la ausencia de peso en el espacio. Al regresar a la Tierra el proceso se invierte, durante los primeros días tras el aterrizaje, los astronautas cometen errores de predicción al manipular objetos, calculando mal la fuerza necesaria hasta que el cerebro vuelve a "recalibrar" el efecto de la gravedad.

Dos décadas de investigación

Para alcanzar estas conclusiones, el equipo coordinado por el investigador Lefèvre ha trabajado durante casi 20 años. La complejidad de coordinar con agencias espaciales, esperar lanzamientos exitosos y analizar datos de misiones reales (como la reciente travesía de la nave Orion en la misión Artemis II) subraya la magnitud del hallazgo.

El cerebro se adapta gradualmente, pero sus estrategias de control dependen de predicciones de riesgo profundamente arraigadas.

Los investigadores ya preparan nuevas publicaciones para analizar otros aspectos de la motricidad espacial, como la precisión de los movimientos punto a punto y la fricción de la piel en entornos de microgravedad, lo que será crucial para las futuras misiones de larga duración a la Luna y Marte.

Leer el artículo completo