“A los que han luchado en su país a favor del Gobierno legalmente constituido, no les vamos a ofender con un interrogatorio. Hay que recibir a todos”. Así respondió el presidente de México, Lázaro Cárdenas, ante las dudas que suscitaba en su consejo de ministros la inminente llegada de un aluvión de exiliados españoles a principios de 1939, cuando la República había ya perdido la guerra.
Miles de ellos, de hecho, ya se encontraban en los campos de concentración franceses, bajo la calificación de “indeseables”, y otros, los menos, habían tratado de llegar por sus propios medios a diversos destinos europeos y de todo el continente americano. La adscripción política de muchos hacía que, en un contexto muy polarizado y tensionado internacionalmente, la militancia, especialmente con cargos orgánicos, fuese un riesgo real en los países de acogida.
México, de hecho, ya había recibido a Lev Trotski, huido de la Unión Soviética tras su enfrentamiento con Iósif Stalin, y por ende, con la ortodoxia marxista-leninista. Y aunque el país había dado su apoyo explícito a la República y había llegado a recibir al medio millar de niños que arribaron a Veracruz desde Burdeos a bordo del vapor Mexique, dar asilo a miles de republicanos era otra cosa, suponía importar un conflicto ajeno a gran escala.
Cárdenas, sin embargo, lideró las voces que veían en la acogida de los exiliados una cuestión de justicia y, más allá de ello, una oportunidad para México. Muchos de los ya huidos de España, de hecho, pertenecían a una clase política, social y cultural que podría aportar riqueza al país.

Así fue cómo apelando tanto a los valores de la liberación nacional mexicana y a los principios de libertad, igualdad y fraternidad que habían marcado sus textos constitucionales como a la Convención de Montevideo, considerado uno de los documentos fundacionales del derecho internacional, el Gobierno de Cárdenas abrió las puertas a los exiliados españoles sin más requisito que solicitar el asilo.
La acogida, además, distó de ser pasiva. El presidente mexicano mantuvo un contacto directo con su embajador en París, Gilberto Bosques, para que facilitase todas las visas necesarias y negociase con las autoridades francesas la expatriación de los republicanos de los campos de concentración. Desde el desembarco de los primeros 1.600, que zarparon del puerto francés de Sète a bordo del Sinaia en mayo de 1939, fueron entre 22.000 y 25.000 los españoles que llegaron a México finalizada la Guerra Civil.
Pese a la diáspora del exilio y la reconstitución de las instituciones republicanas en Francia, México fue el país que más refugiados acabó acogiendo. Allí, en Ciudad de México, se celebró la primera reunión de las Cortes de la República en el exilio en agosto de 1945, así como la primera sesión en el exilio del Parlament de Catalunya, en 1954. Y allí tuvo su sede la Embajada de la República Española hasta junio de 1977, ya que México nunca reconoció el régimen franquista.
El 14 de abril de 1957, aniversario de la proclamación de la República, la colonia de exiliados españoles en México organizó un homenaje oficial de gratitud a Lázaro Cárdenas en el cine Florida de la capital. Emocionado, el entonces expresidente pronunció un emotivo discurso en el que sintetizó su política de reconocimiento a los republicanos instalados en México y sintetizó la política de acogida de su Ejecutivo. Es el texto que ofrecemos íntegro.
El discurso
“En esta memorable recordación de la Carta Magna de la República Española, me dirijo a ustedes con la confianza que guardamos a los fieles hijos de la España republicana.
”Este acto, que a la vez es de enaltecimiento a la hospitalidad, debe recibirse al margen de todo merecimiento particular. Asistimos a él por lo que tiene de confirmación pública de estas nobles tradiciones que el pueblo mexicano, sus instituciones y sus gobiernos han procurado mantener para prestigio de México.
”El actual Gobierno, presidido por el honorable ciudadano don Adolfo Ruiz Cortines, fijó la trayectoria legal del derecho de asilo a los perseguidos políticos, presentando a las cámaras el acuerdo de las convenciones internacionales que, para honra de nuestros cuerpos legislativos, fue aprobado, quedando autorizada la protección de todos los exiliados, sea cual fuese su raza, nacionalidad, religión y credo político, que llegan al amparo de nuestra enseña nacional para trabajar honestamente.
México identificó su destino histórico con el triunfo y consolidación de la República Española
”Al agradecer a ustedes su invitación, considero de mi deber referirme a las causas que motivaron la hospitalidad que México les brindó, para refugiarse en nuestro suelo al abrigo de nuestras instituciones.
”El pueblo progresista de México recibió con regocijo el resultado del plebiscito que expresó la voluntad española de instaurar la república como forma de gobierno. Aplaudió la elevación de los ideales de democracia y justicia social a normas jurídicas constitucionales. Identificó, desde ese momento, su destino histórico con el triunfo y consolidación de la República Española. Esta adhesión fue consecuencia lógica de las más caras tradiciones de los mexicanos.
”La actitud nuestra ha estado inspirada en la lucha emancipadora de la dominación monárquica colonial; en la conquista de los derechos ciudadanos y las autonomías locales contra las arbitrariedades del poder, el centralismo conservador y la opresión de las tiranías; en la abolición de las desigualdades impuestas por los fueros y los privilegios; en la potestad democrática y el ejercicio del poder civil sobre toda tutela o usurpación; en la protección de los explotados; en el rescate de los recursos nacionales; en la defensa de la integridad del territorio y soberanía contra cualquier invasión o penetración extranjera, y en la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.
Nuestra actitud ha estado inspirada en la lucha emancipadora de la dominación monárquica colonial
”En este año conmemorativo de nuestras constituciones de 1857 y 1917 recordamos que estos postulados se fortalecieron con el heroísmo cívico de nuestros próceres, a quienes ni las prisiones, ni el destierro, hicieron repudiar la legitimidad de sus instituciones, ni la responsabilidad de sus investiduras, porque bien sabían que más allá de su interés personal estaba la preeminencia de los principios de libertad, de igualdad y de fraternidad, en cuyas esencias se sustentó la victoria de nuestra democracia sobre las dictaduras e intervenciones extranjeras.
”Estas directrices fundamentales de nuestras revoluciones de Independencia, de la Reforma y de 1910 figuran también en la Constitución Republicana Española de 1931 que hoy conmemoramos. La afinidad de propósitos estrechó más aún los lazos de fraternidad que unían a nuestros pueblos y determinó la comunidad de sus intereses históricos.
”La República se conmovió con la rebelión organizada por las clases y castas enemigas del progreso y de la libertad. Estalló la conspiración cuartelaria y la guerra civil se transformó en agresión internacional. México, ante esa situación, expresó su solidaridad al Gobierno republicano constituido por la voluntad de los españoles. Al hacerlo, cumplió sólo con el compromiso adquirido en la Convención de Derechos y Deberes de los Estados para casos de guerras civiles, que suscribió en la Sexta Conferencia Panamericana.
Al llegar entregaron su talento y sus energías hacer, junto a nosotros, más grande a la nación mexicana
”Por esta agresión internacional cayó el gobierno legítimo de la República Española. Y México, nuestra patria, abrió sus fronteras para recibir a los perseguidos, hombres, mujeres y niños, no sólo por sentimiento, sino cumpliendo también con los principios, para nosotros siempre inolvidables, del derecho de asilo.
”Y al llegar ustedes a esta tierra nuestra, entregaron su talento y sus energías a intensificar el cultivo de los campos, a aumentar la producción de las fábricas, a avivar la claridad de las aulas, a edificar y honrar sus hogares y a hacer, junto con nosotros, más grande a la nación mexicana. En esta forma, han hecho ustedes honor a nuestra hospitalidad y a nuestra patria.
”Muchos compatriotas suyos también progresistas, que llegaron al país con anterioridad a ustedes, han contribuido con su confianza y esfuerzo al desarrollo de México; para ellos, igualmente, nuestro aplauso.
Aunque no quedara ningún veterano de la República, su ejemplo continuará como bandera de la democracia
”Es oportuno declarar, en esta solemne ocasión, que ni los mexicanos, ni su gobierno constitucional, tuvieron intervención alguna en el manejo del patrimonio español salvado de la agresión y resguardado por ustedes mismos. Fueron las autoridades republicanas reconocidas las que dispusieron de él, en uso de sus propias facultades.
”Amigos nuestros: la tarea no está aún cumplida. Mas ¿qué importa que transcurra el tiempo, si siendo apenas un instante en el decurso de los siglos el sacrificio convierte a nuestra causa en una conquista más que está contribuyendo a la marcha ascendente de la humanidad?
”Aunque no quedara ninguno de los veteranos de la República, su ejemplo de lealtad y su fe en la reivindicación de los derechos violados será mandato para la actual juventud y las futuras generaciones y continuará como bandera invicta de los precursores del triunfo de la democracia.
Confiamos en el triunfo final de los postulados de la España republicana sobre el predominio de la fuerza
”Consideramos que la Carta de las Naciones Unidas, como las constituciones de los países independientes, no son declaraciones utópicas expuestas al desacato impune. Siempre hemos confiado en que sus principios han de cumplirse y que tendrán que prevalecer como la fórmula más eficaz de convivencia pacífica entre las naciones.
”Los pueblos deben tener garantizado su derecho a darse la organización interna que más acomode a su propia idiosincrasia y a sus anhelos de progreso. Por esto mismo, confiamos en el triunfo final de los postulados de la España republicana.
”Al recordar hoy la Carta Magna de la República Española y las de la nación mexicana de 1857 y 1917, renovamos la solidaridad y el optimismo por el triunfo de las nobles causas, que no son exclusivamente nuestras; pertenecen a los pueblos, y éstos ni mueren ni se suicidan, sino que siempre surgen avanzando, ya que es inadmisible el predominio definitivo de la fuerza sobre las energías creadoras de la libertad y de la paz.
”¡Viva México! ¡Viva España!”

Redactor de la sección de Continuidad y colaborador del canal Historia y Vida. Ha trabajado en La Revista del Sábado, Deportes, Magazine y Última Hora y ha coordinado el suplemento económico Dinero. Autor de varias obras divulgativas

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